Hay que reconocerlo lealmente. El Movimiento Popular Democrático (MPD), que puede estar equivocado en lo que fuere, ha tenido una actitud gallarda y decente. Llegado el momento en que se sintió incómodo dentro del Gobierno, muy probablemente por razones ideológicas y programáticas, ha recogido sus petates y ha salido de la vera gubernamental, adquiriendo entera libertad, y cara suficiente, digo yo, para criticar al régimen con coherencia y dignidad. Renunciaron ministro y más funcionarios del MPD, gobernadores e intendentes incluidos, para demostrar con los hechos su posición.
Gente del Gobierno y del MPD me han contado que las disensiones entre ellos casi siempre se expresaron a puerta cerrada, como aconseja un elemental decoro y apropiadas maneras, dictadas por algún grado de lealtad. No sé cuál de las dos partes se ha sentido aliviada y feliz con la despedida, aunque me temo que ha sido por partes iguales y ello tiene absoluta lógica. El MPD no era, precisamente, un aliño de aquellos que invitara a todo el mundo a sentarse a la mesa, por lo cual no favorecía mucho la urgente e ineludible necesidad gubernamental de ampliar su plataforma política. Por su costado, al MPD tampoco le interesa mucho proseguir dentro de un régimen que, según su opinión, se ha dirigido hacia la derecha, criterio para el cual se fundamentan en la orientación del área económica.
Lo dicho es historia, más exactamente el primer capítulo de lo que ineluctablemente vendrá después, aunque sin el sentido de oportunidad y donaire que han tenido los emepedés. Pero veamos el futuro. Sucede que salvo la Sociedad Patriótica, los demás partidos o grupos que formaron el apoyo electoral del coronel Gutiérrez, y que ahora están colaborando en el Ejecutivo, no tienen su futuro indisolublemente atado al presidente, porque tienen su propio plan político. que no termina el 15 de enero de 2007. Sus caminos son muy distintos y mucho más largos que los del Gobierno y, cuando ellos se vean entorpecidos o alterados por lo que Gutiérrez haga o deje de hacer, simplemente le abandonarán. Solamente así se explica la bárbara y cruel paradoja de que quienes más duramente critican al presidente de la República sean, exacta e increíblemente, sus aliados, vale decir Pachakutik y la Conaie.
Las dificultades económicas del Estado obligarán a mayores entendimientos con el FMI y, probablemente , a vinculaciones más estrechas, dentro y fuera del país, con pensamientos, entidades y agrupaciones que son, precisamente, las más combatidas por los indígenas y por esa cosa que llaman movimientos sociales. Si a esto, que seguramente ocurrirá pronto, se agrega la circunstancia de que después de pocos meses estaremos en la efervescencia de presentar candidaturas para las elecciones seccionales, aumentarán las pretensiones hegemónicas y se multiplicarán tensiones y desaveniencias. El maíz se desgrana. Ojalá el proceso sea lo menos indecoroso y traumático posible y el Gobierno tenga para entonces un buen plan de contingencia, porque por el bien del país no debemos admitir la existencia de andamios temblorosos, cuya precariedad sea el signo del Estado y el mensaje que proyectamos ante la comunidad internacional. Ojalá los intelectuales del régimen recuerden lo que fue la quinta columna en la caída de Madrid, allá en la guerra civil española.
Ciudad Quito

