Pedía que lo dejaran morir, pero no dejaba de luchar. En el área de nefrología, del hospital Carlos Andrade Marín, Raúl Vallejo Iglesias (46 años) trataba de resistir los fuertes dolores que sentía por una peritonitis. Ningún antibiótico lo aliviaba.
Dos meses antes, Raúl se estaba preparando para su segundo implante de riñón. Él fue el primer ecuatoriano en recibir un trasplante en los Estados Unidos.
Su madre, Pompeya de Lourdes Iglesias (69 años), le donó el riñón. Mientras mira su álbum de fotos, recuerda: "A los 5 años, Raúl jugaba con su primo en unas tablas colocadas en las gradas que servían como puente para llegar a la cancha del estadio olímpico Atahualpa. El pequeño saltó tan fuerte que rompió las maderas y cayó a una fosa. Tuvo tres fracturas en la cabeza". Fue internado en el hospital Baca Ortiz, donde le extrajeron coágulos de sangre que se acumularon entre el hueso y la piel del cráneo: "Creímos que se curó por completo", dijo su mamá. Pero se equivocó. Ya en la adolescencia, Raúl empezó a sentir molestias en el riñón. Más tarde, le diagnosticaron insuficiencia renal.
No faltó aquel médico que sentenció: Nada se puede hacer. Aunque doña Pompeya y su esposo, Jaime Raúl Vallejo (79 años), sabían que eran pocas las posibilidades de curarlo, no se rindieron. Otro especialista les dio una esperanza: Un trasplante de riñón puede salvarle la vida.
Esa intervención, no solo que era poco común, sino también cara: La operación valía casi $10 mil en tiempos del sucre, comenta don Raúl, mientras saca un pañuelo del bolsillo de su terno negro para limpiar sus lágrimas.
Conseguir el dinero no fue fácil, pero con la ayuda de instituciones internacionales y hasta la ayuda de Corina Parral, esposa de José Velasco Ibarra, consigueron la visa y el dinero.
Su hermana Elizabeth Vallejo (48 años) cuenta que la familia salió adelante porque querían demostrarle que eran luchadores como él: Mi ñaño conseguía lo que quería. Su más grande sueño era vivir en una casa diseñada por él. Se graduó como arquitecto en la U. Central y levantó un segundo piso en la casa de sus padres, en la avenida Mariana de Jesús.
Para don Raúl, el mejor tesoro que pudo dejar su hijo fueron buenos recuerdos. Pocos días después de su muerte, encontró un diario de 84 páginas: Las 14:30 me despido de mis familiares y amigos
donde con la ayuda de la ciencia y de Dios espero muy pronto curarme
, dice en la primera página.
Raúl tuvo una vida normal. Era fanático del volei, muy amigable y, sobre todo, fiel hasta el final. Formó una familia y tuvo dos hijos, José Vallejo (18) y Javier Vallejo (15).
Después de casi dos meses de sufrir intensos dolores, Raúl fue trasladado a la Clínica de La Merced, donde, a pesar de que las dolencias se aliviaron, su corazón no resistió.
Un paro cardíaco terminó con su vida el 6 de marzo pasado. Su familia sabe que Raúl ya no sufre más, pero tampoco pudo cumplir otro de sus sueños: tener un nuevo riñón para poder continuar junto a los suyos". (GCA)
A los 32 años hacía falta otro trasplante
El Ecuador fue el 4º. país que hizo un implante en 1971
A pesar de que el trasplante fue un éxito, Raúl debió permanecer en los Estados Unidos para completar su tratamiento.
Cuatro años después, regresó al Ecuador bajo la condición de que fuera atendido por un nefrólogo, de lo contrario, la intervención no habría servido de nada. Jorge Aulestia acogió el caso. El tratamiento se cumplió al pie de la letra. Se realizaron los controles semanales, exámenes de laboratorios, de imageniología y se suministró la medicación inmunosupresora: Vallejo reaccionó favorablemente. Llevó una vida normal, indica Aulestia.
Sin embargo, la vida útil del riñón donado terminó: El declive de la función renal fue progresivo desde 2000. Raúl empezó a tener complicaciones, como problemas de presión, gastrointestinales, inestabilidad en el colesterol, infecciones en la garganta, entre otras dolencias.
La solución: volver a la diálisis, para luego someterse a un trasplante de riñón cadavérico. Iba a ser en abril de este año.
A los dos meses de la diálisis, Raúl adquirió una bacteria denominada estafilococo dorado (un microbio que se encuentra en clínicas y hospitales) que le ocasionó una peritonitis severa. No se recuperó. (GCA)
Ciudad QUITO

