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PROTEINAS

Publicado el 09/Octubre/1991 | 00:00


Quito. 09.10.91. Una noche perengana, en que el televidente
está desprevenido, las cámaras de un noticiero de TV lo
arrojan a un barrio miserable de Lima, la virreinal y
guerrera. La noticia es extraordinaria. De modo que el
periodista y su público asisten fascinados a una ceremonia
que, de tanta miseria, se ha convertido en un hecho insólito:
la gente pobre come carne.

El reportaje enseña a un grupo de cholos limeños !albañiles,
putas, rateros, desocupados, ¿quién lo sabe?­ en el preciso
instante que sacrifican al animal que, inútilmente, lucha por
salvar su vida.

Con gran solvencia la cámara muestra el modo en que debe
despellejarse la presa, mientras la voz de un cholo jovial
describe el procedimiento, y el televidente piensa que ese
atávico acto lo habrá cometido el hombre por primera vez en el
preciso instante que dejó el reino de la naturaleza para
penetrar al insondable reino de la historia y de las pasiones,
y se reivindicó como carnívoro, y sus venas recibieron
enardecidas las proteínas que necesita el homúnculo para
sobrevivir. El narrador indica también el mejor modo de
descuartizar al animal, a fin de que se aprovechen las piezas
más carnudas. Pone mucho cuidado en mencionar que el tuétano
no debe ingerirse, pues puede trasmitir extravagantes
enfermedades, y en ese instante al televidente se le cruza,
como una exhalación, la palabra "toxoplasmosis".

Después, demostrando sabiduría popular, el cocinero sugiere
hacer un refrito de hierbas y cebolla, sal y ajo, antes de
poner a cocer la carne, hasta que se ponga doradita: en la
pantalla la sartén humea con gusto, y el televidente piensa en
un vaso de cerveza bien fría. La escena concluye con el primer
plano del cholo disfrutando del guiso, con una abundante
guarnición de papas y arroz, en el más criollo estilo limeño.
El cholo sonríe antes de atacar un suculento bocado,
derrotando, sin inmutarse, la feroz hambre que estremece las
barriadas !"pueblo jóvenes" los llaman allí, se dice el
televidente­.

Inmediatamente un plano general exhibe al grupo de cuclillas,
cada quien con un plato en la mano y una indescriptibe
expresión en las miradas, y el espectador, sin saber por qué,
asocia el cuadro con un imposible óleo impresionista. Al
despedir la crónica, detrás de los felices comensales se
alcanza a ver la piel del gato, que cuelga de un clavo, como
un trapo sanguinolento. (4A)

Hora GMT: // - 19:00 Fuente: DIARIO HOY Ciudad N/D Autor: DIEGO CORNEJO MENACHO







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