Problemas de la educación superior

Publicado el 08/Septiembre/2009 | 00:09

Joaquín Hernández Alvarado


alandazu@hoy.com.ec

Ahora que el Proyecto de Ley de Educación Superior está en plena discusión e incluso en el corazón de la tormenta, el tema de la educación superior no debe ser planteado en términos maniqueos -por ejemplo, los que están a favor del cambio y los que están contra él-, motivo de adhesión ideológica ni, peor aún, tema de cuñas publicitarias. Que este problema de tanta importancia estratégica se haya politizado en los actuales momentos es uno de los síntomas de la grave confusión en que vivimos. Las consecuencias de las decisiones ahora tomadas se verán en años y en décadas.

Nadie duda de las debilidades de la educación superior en el país, en términos generales. Lo que no está claro son las causas, porque no se trata de sentar a nadie en el banquillo de los acusados pues, con ello, no se consigue casi nada cuando se trata de procesos que van más allá de las individualidades responsables. ¿Por qué han surgido universidades, por ejemplo, que han sido denunciadas por vender títulos con el mínimo esfuerzo académico de las personas pero con un aporte económico significativo? La respuesta más simplona es que la culpa la tiene esa misma universidad y el sistema que la ha regulado que no tomó a tiempo medidas. ¿Y las personas que cometieron ese fraude, muchas de ellas en significativos puestos del Estado y de la sociedad? ¿Acaso no sabían lo que hacían?

Otro tema parecido es la reiterada crítica por la repetición de carreras en todas las ciudades del país. Es cierto y es lamentable. Pero ¿por qué los padres de familia, que tienen un papel no despreciable en la elección y los supuestos futuros graduados, insisten en ellas? Decir que porque no se les da otras opciones es no conocer el mundo de la educación superior. Se ofrecen carreras diferentes que, tarde o temprano, tienen que cerrar o mantenerse en estado de hibernación. Es un problema de una cultura y no de actores determinados que privilegia las mismas opciones académicas y que no permite una amplitud en las mismas.

Decir que la universidad ecuatoriana hace poca investigación es descubrir el agua tibia. Decir que la universidad solo debería ser de investigación es no entender el complejo mundo universitario contemporáneo. El problema de América Latina como región es la insuficiencia de interés en la investigación, problema en el que tienen tanto que ver el Estado, la empresa privada como la investigación. La fuga de cerebros no es un problema exclusivamente ecuatoriano. ¿Se trata entonces de defender a las universidades frente al cambio que se pide? No. El Estado tiene un arma formidable que no solamente es válida para el cambio de las instituciones de educación superior, sino para educar a la opinión pública, es decir, a los mismos funcionarios del Estado, a la empresa privada y a los estudiantes: los procesos de calidad que implican la autoevaluación, evaluación y acreditación. La exigencia debe estar ahí exclusivamente.



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