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PARECE, POR TANTO ES

Publicado el 07/Noviembre/1995 | 00:00

Quito. 11.07.95. (Editorial) El "mathematician" Alberto Dahik
tiene derecho a su buen nombre por Alberto, por Dahik y por
vicepresidente. Por Alberto, pues nació pequeñito e indefenso y
será polvo y ceniza cuando San Pedro agache el dedo. Alberto es
hombre; luego, que ningún perro le ladre sin un motivo probado.

Por Dahik, pues tuvo la suerte de resultar inteligente, estudiar
en Canadá y el Imperio, trabajar con León y pilotear avión
propio. Estos hechos son accidentales a la condición del ser
humano, pero cuando existen, realzan la dignidad de la persona.
Alberto es hombre mejor que el común de los mortales; luego, que
ningún perro le ladre sin dos motivos probados.

Por vicepresidente, pues recibió esa dignidad de manos del
pueblo. Después de Sixto, Dahik está por encima de los diez
millones novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y
ocho ecuatorianos restantes. Alberto es segundo entre once
millones: luego, que ningún perro le ladre sin tres motivos bien
probados.

Los argumentos -"parece ladrón, luego lo es"-, "dicen que dijo
que ha cohechado, luego cohechó" valen solo en la lógica del
"mundanal ruido" donde comer chugchucaras en la calle le vuelve
al comedor un "longo mal educado", y donde comerlas en un Volvo
le vuelve al comedor "un joven con futuro". Parecer es ser. Ser
sin parecer no es ser.

Aunque mucho se habla de la corrupción de ahora, siempre hubo
ladrones y pillos antes. Si los abuelos y tatarabuelos de los
ecuatorianos de ahora hubiesen sido menos corruptos, ya hubieran
legislado para prevenir la corrupción mediante arbitrios como la
declaración de bienes, la derogatoria del sigilo bancario y,
sobre todo, la tortura. Hay un modo de saber si el vicepresidente
es ladrón y cohechador: torturarlo y hacerle firmar una confesión
de que ha robado ayudando a EMELEC y cohechado a la tremenda
Corte.

Este método es muy efectivo. Según juran y rejuran Clímaco
Cuéllar, Henry Machoa, Carlos Cuéllar, Otilio Quinayas, Froilán
Cuéllar, Harold Paz y Carmen Bolaños eso hicieron con ellos. Los
acusaron de "guerrilleros de finca" y de haber participado en la
emboscada que causó la muerte a 11 miembros de las Fuerzas
Armadas y de la Policía allá en el Putumayo.

Seis de estos siete "guerrilleros de finca" empezaron ayer una
huelga de hambre para pedir su libertad inmediata. "Somos", dicen
los siete, inocentes. Nos acusan por las confesiones que
obtuvieron bajo tortura sicológica y física durante más de 10
días. Nos impidieron conocer las acusaciones de autoinculpación
que nos obligaron a firmar tapándonos los textos que estábamos
firmando y que nunca nos fueron leídos. Y porque no hay prueba ni
indicio en contra de nosotros que pruebe la acusación que nos
están haciendo. "Ya llevamos presos injustamente 19 meses".

Contra este testimonio está la palabra del actual candidato
presidencial José Gallardo, quien en solemne rueda de prensa
afirmó que ninguno de ellos había sido torturado. Para saber la
verdad, habría que torturar a Gallardo. Si sostiene su palabra
bajo tortura, los tardos jueces de la Cuarta Sala de la Corte
Superior de Quito deben condenar a esos siete desgraciados.

Como se ve, la tortura es el método eficiente: prueba la
culpabilidad del inocente, justifica el parecer, es rápida. (4A)

Ciudad N/D



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