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Oscar Efren Reyes: Periodista, Historiador Y Maestro

Publicado el 29/Marzo/1992 | 00:00

OSCAR EFREN REYES: PERIODISTA, HISTORIADOR Y MAESTRO. Por
Marta Reyes de González

Quito 29.03.92
DOMINGO
Oscar Efrén Reyes nació en Baños de Tungurahua el 13 de junio
de 1896. Huérfano en su primera infancia, quedó al cuidado
de parientes cercanos. Fue educado en forma particular por el
sacerdote dominico Reinaldo Van Shoote, quien pagó un profesor
para que le enseñara matemáticas y gramática; completó su
instrucción autodidacta en la biblioteca de su abuelo
Francisco Reyes Hidalgo.
Conoció y amó a su tierra de tal manera que logró describirla
con propiedad y amor en varios capítulos de su "Vida de Juan
Montalvo", publicada en 1935 y que mereció de Gonzalo
Zaldumbide la expresión de "Ahora, ya hay biografía de
Montalvo..."
Es indudable la inspiración que el gran escritor ambateño
ejerció en su vida, cuyas obras leyó y releyó con pasión,
desde su adolescencia, como lo afirma en el prólogo de "Vida
de Juan Montalvo": "Me crié leyendo y amando entrañablemente
-tal como aman
los fanáticos a sus ídolos- la obra y los pensamientos de
Montalvo, no sabiéndolo de oídas ni alabándolo por costumbre"
Niño aún y maestro de otros niños, en la paz infinita de sus
soledades andinas, muchas tardes pasó sumido en la lectura de
selectas obras, haciendo anotaciones críticas marginales,
preparación que será base del gran camino de la Historia por
el que transitará más tarde.
De un sencillo cuaderno de notas de su adolescencia, extraemos
parte de sus propósitos que fueron los principios rectores de
su vida:
"Me levantaré muy de mañana: me lavaré, me peinaré.
Me pondré al escritorio y leeré clásicos españoles y
americanos. Haré ensayos de retórica hasta las siete del
día. Desde esa hora daré clases de gramática. Desde las dos
de la tarde estudiaré obras históricas y por la noche, obras
filosóficas..."
Escribe también sus primeros ensayos y poemas, algunos de los
cuales lograron ser publicados en 1914 en "La Prensa" o "El
Comercio" de Quito; pero, considerando, seguramente, que no
eran suficientemente buenos, abandonó ese camino.
Antes de culminar su carrera como "Preceptor de Educación
Primaria", publica dos opúsculos con sus primeras inquietudes
juveniles: "Capítulos Literarios" y "Caracteres", panoramas
literarios, el primero y ensayos de crítica, el segundo. Los
dos, hoy de archivo, son para muchos, desconocidos.

LA DOCENCIA

En 1916, culmina sus estudios con los tres unos, según la
escala vigente de calificaciones. En cumplimiento de su
compromiso como becario, se dirige a la escuelita designada
por el Ministerio de Instrucción Pública, en la provincia de
Tungurahua. En la puerta del aula se detiene, porque el
maestro que le antecede, se despide con gran sentimiento de
sus alumnos. Estos, emocionados e indignados porque echan a
su maestro querido, reciben al nuevo maestro en medio de
rechiflas y gritos en coro: "­No conviene!, ­No conviene!..."
Así, inicia su carrera oficial de "preceptor" en Pelileo,
lugar donde permanece siete años. Ahí encuentra al amor de su
vida: Clara Torres Vallejo, con quien unirá su destino para
siempre.
Durante estos años, junto con su esposa, crió con amor a sus
tres primeros hijos y, al mismo tiempo que se entregaba a la
docencia, escribió artículos de matiz político en "El Cóndor",
seminario liberal dirigido por Víctor Oviedo y en
"Ecuatorial", dirigido por Francisco Montalvo.

POR LOS CAMINOS DEL PERIODISMO

Su prestigio de escritor de "pluma hecha para lanza" va
tomando cuerpo. Manuel Moreno Mora, de la Revista "América
Latina" de Cuenca, le invita a escribir en ella y aparecen,
por primera vez, sus artículos acerca de otro personaje
paradigmático de sus ideales: Manuel J. Calle, que darán
origen, más tarde, a su nuevo opúsculo acerca de la vida y la
obra del controversial escritor y periodista.
Su vocación manifiesta de escritor,le impele a salir del
pueblo serraniego donde ejerce, paciente, la docencia.
Eran los primeros días de 1924. El director de "El Guante",
Eleodoro Avilés Minuche, le pidió que ocupara el puesto de
redactor principal, en el que le antecedió el gran periodista
Calle.
Oscar Efrén Reyes siente la exultante alegría de haber sido
objeto de un honor sin límites, cree en sí mismo, y se queda.
Muchas penalidades debió pasar; pero su vocación fue más
fuerte que todas ellas. Pasó, con la energía de su juventud,
por sobre las dificultades, a pesar de ellas y acicateado por
ellas.
Una de sus primeras experiencias se refiere a su arribo al
puerto en el que alquila una modesta habitación para
instalarse solo, primero, con lo poco que llevara: un colchón,
una colcha y un viejo revólver, además de su maleta con
prendas personales.
El viaje desde Ambato, por tren, ha sido largo y sinuoso. Ha
llegado tarde a Guayaquil, está cansado y cae en un profundo
sueño.
Cuando despierta, está muy alto el sol y le duele la cabeza.
La almohada tiene un olor característico. Abre los ojos y
está desnudo.
El serrano pagó su inexperiencia: durante el sueño fue
narcotizado y robado; pero el revólver, aún está bajo la
almohada.
Este hecho lo narraba, acentuando el comportamiento de
Eleodoro Avilés quien demostrará su calidad humana a un
escritor que ni empezaba todavía, al adelantarle varias
mensualidades para que pueda reponerse del atraco.
Y se estrenó como periodista de batalla.Escribió editoriales,
artículos firmados por su nombre y artículos firmados con los
seudónimos de Jessie y León Fort.
Sus obligaciones como jefe de redacción eran entregar un
promedio de treinta artículos al mes, recortar y comentar
artículos de periódicos nacionales y extranjeros, comentar
efemérides patrióticas nacionales y extranjeras, dirigir la
sección bibliográfica nacional y extranjera, hacer de
relaciondor público con los visitantes importantes. Su
asistencia debía ser por la noche.
Durante el día, y gracias a las recomendaciones de Avilés,
logró un puesto de inspector-profesor del Colegio Vicente
Rocafuerte.Trabajó hasta la clausura de "El Guante".

EN AMBATO Y QUITO

En 1926, con su familia en éxodo, llegó a Ambato, sin empleo,
sin bienes. Un año después, reingresa al magisterio como
profesor del Colegio Bolívar de Ambato, gracias a la ayuda que
le proporcionaran Homero Viteri Lafronte y Víctor Gabriel
Garcés, rector éste último del colegio.
Con inteligencia y sagacidad, Garcés abre oportunidades para
que la riqueza intelectual de Reyes se manifieste: le designa
para que sustente conferencias, le encarga enriquecer la
biblioteca del colegio y, sobre todo, alienta su primigenia
vocación de escritor, al aceptar la iniciativa de Oscar Efrén
Reyes, de fundar una publicación que fue la revista "Cultura"
y de la cual fue su director literario.
Durante estos años ahonda su amistad con Juan Francisco
Montalvo, sobrino-nieto de "El Cosmopolita", quien en sus
numerosas cartas expresa con refinamiento humorístico y
nobleza de bien, la grande estimación que tenía por Reyes.
Es él quien facilita al autor de la biografía de su ilustre
antepasado datos de primera fuente acerca de su vida, y
fotografías originales que trabaja personalmente para la
impresión de la "Vida de Montalvo".
En apenas un año de permanencia en Ambato, realizó notable
obra cultural; pero ésta se interrumpió, pues el director de
los Instituto Normales le invita a desempeñar la cátedra de
Historia en Quito. Desde 1928 puso al servicio de la juventud
sus afanes y mística docente en estas instituciones y años más
tarde en la que ahora es Facultad de Filosofía, Letras y
Ciencias de la Educación, de la Universidad Central, en donde
ejerció las cátedras e Historia y Periodismo desde 1936 hasta
el año de 1962.
Empero lo que constituyó para él motivo de realización
personal y grata satisfacción en el campo de la enseñanza, a
más de la cátedra, fue su función como rector de colegios.
Fue rector-fundador, en el año de 1942, del Colegio Nacional
Juan Pío Montúfar" al que organizó con un cuerpo docente de
alto valor académico, dotó de una selecta biblioteca y
gestionó del Congreso de entonces, los fondos propios para su
desenvolvimiento.
En la década de los años cincuenta, hasta 1962, fue profesor,
vicerrector y rector, sucesivamente del Colegio Nacional
Mejía.
Concomitante a su labor docente están "sus modestos trabajos
historiográficos", como él solía llamarlos, publicados en los
Talleres Gráficos de Educación o financiados por su propio
peculio.

OBRA HISTORICA

Su metodología de trabajo consistió en exponer su pensamiento
de crítica histórica o de investigación por medio de artículos
públicos en la prensa o en revistas de índole cultural.
Por ejemplo, la "Vida y la Obra de Manuel J. Calle", apareció
primero en la revista "América Latina" de Cuenca, "Los últimos
siete años", en "El Universo" de Guayaquil, obra ésta que es
el testimonio histórico de la grave problemática económica que
vivió el país entre los años 1919 al 26; "Historia de la
República", en la que expone con aplitud documental y
profundidad de juicio los primeros años de vida independiente,
los sufrimientos y errores del vaivén democrático y la puerta
abierta a una esperanza; asimismo, su obra "Vida de Juan
Montalvo" cuyos capítulos principales se publicaron en la
revista "América" y que más tarde fue la obra biográfica no
superada todavía.
Mucho más tarde aparecerán las obras históricas con finalidad
pedagógica: "Brevísima Historia General del Ecuador",
"Historia Animada del Ecuador" y "Breve Historia General del
Ecuador".
En todas sus obras históricas y biográficas está impreso el
sello indeleble de su definición moral y coherencia de
principios: el afán de descubrir la verdad y de decirla
entera.
Tal historiografía -como escribía a un amigo- nunca fue
propicia para los triunfos personales. Lo que concitó siempre
fue la insatisfacción y hostilidad y estorbó la mayor
eficiencia de la obra histórica que habría podido realizar,
pues se le cerraron las posibilidades de estudios directos en
los archivos extranjeros y le pusieron en el trance de
abandonar estos estudios para siempre.
El arraigo total, la vinculación con su tierra, le llevó a
comprar en ella su última vivienda y su última morada.
Expresó su voluntad de ser enterrado en el cementerio de Baños
y sobre sí, una roca de esas, que en tiempos inmemoriales,
fuera arrojada desde las entrañas del Tungurahua.
Y allí yace, sencillamente, como lo pidió.PP.6-7

Ciudad N/D



         


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