Quito. 4 ago 98. Primero fue el agua de las intensas lluvias.
Ahora, son los constantes sismos.
El hecho es que cientos de familias han debido ser desalojadas
de los cerros de Montecristi, concretamente del barrio John F.
Kennedy.
Meses atrás, alrededor de 130 casas de cemento armado quedaron
destruidas luego de los deslizamientos de tierra.
La Defensa Civil detectó en la zona dos nuevos movimientos de
tierra, provocados, también, por los sismos.
Esta población está situada en las laderas del cerro, que poco
a poco está cediendo por los continuos desmoronamientos.
En la ciudad natal de Eloy Alfaro, son ya 500 personas las que
se han quedado sin vivienda y en la completa indigencia.
Existe más de un centenar de edificaciones que están a punto
de desplomarse, incluso la iglesia principal de la ciudad.
La Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL) presentó
un informe que declara al sector en elevado riesgo.
La saturación de los suelos por las fuertes precipitaciones y
los permanentes sismos, frente a las costas de Manabí,
aceleran los desprendimientos de tierra en un área de cuatro
hectáreas.
En la parte alta del cerro hay pequeñas lagunas que forman un
sinnúmero de riachuelos que empeoran la constitución del
monte.
Al momento, la Defensa Civil ejecuta monitoreos para observar
el comportamiento de los deslizamientos de tierra, a fin de
conocer la magnitud real del problema.
Autoridades piden a los habitantes desalojar totalmente el
área. John Palacio, jefe de la Defensa Civil de Montecristi,
advierte a las personas que viven en la zona, del peligro que
corren por los derrumbes.
La población está en emergencia. En la ladera oeste del cerro
se derrumbaron 83 casas y en la este cayeron otras 46.
Sin embargo, un gran porcentaje de los pobladores de este
barrio se resisten a dejar sus casas y no les importa
arriesgar sus vidas.
Palacio espera que los deslizamientos de tierra, que son de un
centímetro diario, disminuyan, pues hace algunas semanas no
llueve ni tiembla.
Cuando la tierra tiembla, las viviendas se desmoronan
María Parrales Delgado abandonó su vivienda cuando tembló por
primera vez la tierra en Montecristi.
Ella visita diariamente la zona, y es fiel testigo de cómo las
casas se han ido cayendo.
"Al día siguiente que desalojé, la vivienda se cayó en
pedazos". La propiedad la construyó su difunto esposo. Todo el
esfuerzo para levantar un hogar para sus ocho hijos no sirvió
de nada. La naturaleza se lo arrebató.
La mayoría de las personas se refugian en escuelas y colegios
de la localidad. Tienen la esperanza que el nuevo Gobierno los
ayude con algún plan de vivienda.
Aquel barrio bonito, por donde se podía observar la ciudad,
ahora presenta un devastador panorama de cinco cuadras de
extensión. (DIARIO HOY) (P. 8-A)
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