'Los otros son los culpables'

Publicado el 20/Agosto/2013 | 00:47

El mundo le falló al Ecuador y es responsabilidad de otros el fin la iniciativa conservacionista del Yasuní.

Por: Carlos de la Torre

cdelatorre@hoy.com.ec

El presidente Correa es incapaz de asumir un error. Él siempre está en lo cierto, encarna el bien y los errores son culpa de otros. En las sabatinas se ensaña con algún funcionario o servidor público que no ha hecho bien su trabajo demostrando que todos los errores son culpa de los otros, más no del líder que vela por que todos hagan bien su trabajo.

La idea de que el líder siempre está en lo cierto y es el dueño de la verdad está detrás de la reescritura de la historia sobre el 30 de septiembre. Quienes no están de acuerdo con la verdad oficial son llevados ante las cortes. La propaganda oficial no se cansa de repetir que lo que se vivió ese día fue un intento de golpe que exime de cualquier responsabilidad a quien entró a la brava al cuartel de los huelguistas, a quien perdió los estribos y debería haber aceptado, al menos, su responsabilidad y asumir que su falta de juicio contribuyó a que los eventos de ese día terminen trágicamente.

Ahora se pretende escribir otra narrativa. El mundo le falló al Ecuador y es responsabilidad de otros dar fin con la iniciativa del Yasuní. Los otros son los malos y el presidente el bueno que no tiene más remedio sino que tirar por la borda al proyecto estrella de su Gobierno. Este intento de escribir una versión de la historia desde el poder no convence a nadie.

Correa fue quien destrozó esta iniciativa con la que nunca se comprometió. El Yasuní fue la excusa para darse una imagen de Gobierno progresista al exterior y para apaciguar internamente a quienes veían grandes contradicciones entre la retórica progresista y prácticas ultraderechistas como la criminalización de la protesta, la destrucción del movimiento indígena y la profundización del extractivismo.

El fin de la utopía del Yasuní desenmascara al correísmo , lo desnuda y lo presenta tal como es: un proyecto desarrollista estatista y extractivista cuyo objetivo es perpetuarse en el poder. Un proyecto que no duda en acusar de terrorismo a los activistas sociales y en demandar a quienes cuestionan sus políticas en la esfera pública. Es el gobierno que dice tener un proyecto técnico de modernización pero que se basa en el despilfarro de los recursos en proyectos delirantes como la ciudad del conocimiento que costará millones de dólares, en las becas Prometeo para traer mil profesores que trabajan en el extranjero que ganarán seis mil dólares al mes, más pasajes y un subsidio de quinientos para vivienda. ¡Todo este despilfarro se financiará con el petróleo del Yasuní!

¿Será que de tanto andar con aduladores el presidente cree que se aceptarán sus palabras como la única verdad? No se da cuenta que su doble discurso sobre conservar y explotar el Yasuní abrió expectativas en varios sectores de la sociedad que se sienten traicionados y engañados. Las mentiras del Gobierno durarán mientras quienes las inventaron estén en el poder. Luego la sociedad las descifrará cómo lo que son: retórica cuyo objetivo fue legitimar con promesas progresistas a un proyecto caudillista y autoritario.

 

Autor: Carlos de la Torre - cdelatorre@hoy.com.ec



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