Los monigotes se cambian por uvas para los ecuatorianos en España

Publicado el 31/Diciembre/2005 | 00:00

¡Ven a disfrutar de las fiestas de Fin de Año con María del Carmen y el grupo Israel, al mejor estilo ecuatoriano. Casablanca Discoteca te espera el 30 de diciembre!" Así reza uno de los carteles que se encuentra pegado en la pared de un edificio del barrio de Arganzuela, al sur de la capital madrileña y que convoca a miles de emigrantes latinos que residen en la zona.
De esta forma, algunos empresarios tratan de cubrir los deseos de festejo de los extranjeros. Tal y como lo hacen los españoles, cuando quieren recibir el nuevo año hasta el siguiente día, en estas fiestas por unos 15 euros, se cuenta con barra libre, se baila y se escucha a los artistas que, en este caso, representan al pentagrama musical ecuatoriano.
Los ecuatorianos residentes en España preparan las fiestas de fin de año con una mezcla de conformismo y melancolía. Pocos familiares y amigos se juntan para escuchar música latinoamericana en las emisoras dirigidas a los emigrantes y a esperar que sean las 00:00, "hora ecuatoriana", para llamar a sus parientes.
Las típicas fiestas del "año viejo", donde los amigos del barrio se agrupaban para confeccionar los monigotes que representaban a los personajes que han hecho noticia durante el año no logran traspasar el charco. Por ello, solamente esperan encontrarse con un efusivo abrazo de feliz año, cuando las campanadas del reloj de la Puerta del Sol, transmitidas en directo por todos los canales de televisión, indican que el año ha finalizado.
Luego viene la comida y, si es posible, unos pasitos de baile, porque, “como es prohibido hacer bulla pasadas las 00:00, tenemos que conformarnos con mirar la tele”. Así señala Elizabeth Sánchez, una quiteña que vive seis años en España.
Para evitar tales limitaciones de tiempo y espacio, Elizabeth comenta que este año lo pasará junto a sus hermanos y amigos (unas 30 personas), en casa de su tía en Ciudad Real, porque “allí sí pueden bailar hasta la madrugada; no como en Madrid que no hay cómo hacer nada y uno está intranquila”.
Recuerda que el tiempo ha borrado parte de sus tradiciones y que la gente tiende a cocinar lo que la gastronomía española ofrece. “Este año vamos a hacer cochinillo al horno, porque comer pollo o pavo un poco cansa”. Los mariscos están por las nubes y es casi imposible comprarlos: un kilo de camarones está sobre los 40 euros. Señala igualmente que “comerá las uvas”, más como una costumbre asimilada que como un motivo justificado: “La verdad que desconozco por qué se comen las uvas, creo que para pedir 12 deseos, pero, como eso hacen aquí, que más toca”.

Celebraciones

Improvisa un "viejo" pero no lo quema

Yerovi Ordoñez, que reside en Pamplona más de 12 años, indica que la costumbre de confeccionar el "año viejo" no la ha perdido. “Todos los años, hago siempre un año viejo de papel que personifica lo negativo del año, porque, como no se puede quemar, lo tengo instalado en el salón de mi piso. Pasadas las 00:00, todos lo rompemos y lo tiramos a la basura”. Para amenizar la noche, escucha Net21, la emisora que se encarga de pinchar la música ecuatoriana, y la buena comida, el baile y el licor no faltan en estas fechas.
“Para este año, mi familia ha decidido hacer un cordero asado. En lo que se refiere al baile, no tengo ningún inconveniente porque, como vivo en un barrio donde vive mucho latino (Rochepea), no molesto a nadie”. Eso sí, añora las locuciones radiales minuto a minuto que hacen las emisoras en el Ecuador para anunciar la llegada del nuevo año. “Toda mi familia sintonizábamos la radio; cuando daban las 00:00, nos abrazabamos y salíamos a quemar al "viejo”, indica.

Los jóvenes también pierden tradiciones

Para los jóvenes ecuatorianos que emigraron, el cambio de las tradiciones ha sido profundo, incluso el pasar junto a su familia. Muchos de ellos se han apuntado a las grandes fiestas de Fin de Año, donde por la suma de 35 euros, se baila hasta las 08:00 del 1.º de enero. Álex, un quiteño de 18 años y que llegó a España apenas empezaba la adolescencia, indica que las fiestas las pasará “junto a su novia”, en un local en los bajos de Argüelles, donde la música "reggaetón", el cava y el "cotillón" (sorpresas, artículos de bromas, confetis y un tentempié) serán los regalos del nuevo año. Para ellos, los muñecos del año viejo y las camaretas en realidad son una cosa del pasado.
En cuanto a los ecuatorianos que residen en los EEUU, también han cambiado sus costumbres, quienes viven en Brooklyn, Elizabeth, Union City, Bronx, entre otros lugares aledaños a New York, darán la bienvenida al nuevo año en el famoso Times Square.

Ciudad Quito



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