Quito. 4 jun 98. (Editorial) En la primera vuelta, la mayoría
de los candidatos a la Presidencia de la República otorgaron
especial importancia a la educación en sus diversas
intervenciones de campaña. Pese a la urgencia de atender
problemas como el de la reconstrucción de la Costa; la
carencia de puestos de trabajo que ha aumentado
significativamente el desempleo y subempleo; la creciente
inseguridad en que se debaten los ciudadanos y otros
lacerantes problemas en el campo de la vivienda y más
servicios básicos, la educación no dejó de ser mencionada.
Más aún, especialmente de parte de Jamil Mahuad, el discurso
sobre la educación ocupó un lugar privilegiado. Si es urgente
para el país conseguir fondos para superar la aguda crisis
económica, no hay que olvidar que también se necesita
incrementar el "capital del saber", mejorar la calidad del
recurso humano, sin el cual la inversión económica sería como
echar dinero en saco roto. Por otra parte, en las sociedades
del futuro, el capital que más réditos ofrece es el cerebral y
de su desarrollo dependen el futuro de la producción, los
servicios y el comercio de los países. Estamos en los albores
de la "sociedad del saber".
Otro aspecto en el que insistieron la mayoría de los
candidatos fue el de la modernización de la educación a través
del recurso a la tecnología de punta y de moda: la
informática.
Por supuesto, no se trata solo de conseguir máquinas y, menos
aún, al estilo Peñaranda; lo importante es que las nuevas
tecnologías nos abran a la formación y capacitación presencial
y a distancia, a repensar la configuración del aula o del
lugar del aprendizaje, a un nuevo ejercicio docente de parte
de los maestros, a la práctica de nuevas metodologías y a la
elaboración de nuevos contenidos que superan las limitaciones
propias de una clase oral o de un libro de texto. El aula y la
escuela tienen que redefinirse en función de estas nuevas
tecnologías inteligentes.
Un tercer aspecto tiene que ver con la naturaleza misma del
discurso educativo en tiempos de campaña. Para más de un
candidato, las transformaciones que requiere la educación
pueden venir como por arte de magia. Al igual que un
prestidigitador, se podían sacar del sombrero computadoras,
viviendas, alimentos, textos o trabajo. El discurso mágico,
demagógico y mítico, no logró ser superado por el análisis
realista, técnico y crítico.
La simpleza de las soluciones todavía consigue adeptos y en
número aún considerable.
Un cuarto aspecto que abordaron los candidatos en la primera
vuelta, tuvo que ver con uno de los principales cuellos de
botella del sistema educativo: sus menguados recursos
económicos.
También en este campo el discurso tuvo mucho de mágico.
Treinta por ciento para la educación es un hermoso principio
incluso constitucional, pero aún no se vislumbran los
mecanismos de viabilidad. El alza de los sueldos de los
maestros es una coyuntura en la cual ni siquiera se les paga a
tiempo, tampoco tiene mayores visos de concreción. Las deudas
que arrastra el Ministerio de Educación en el actual ejercicio
económico supera los 500.000 millones y no hay soluciones
inmediatas. La reforma económica y financiera en educación
exige programas y proyectos con claros objetivos alcanzables,
pero al mismo tiempo con las reformas, las acciones, los
presupuestos y los cronogramas que garanticen su éxito y
seguimiento. (DIARIO HOY) (P. 5-A)
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