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Las visitas conyugales son necesarias

Publicado el 19/Marzo/2007 | 00:00

Es jueves, el día preferido de Patricia desde hace cinco años. Ella lleva su cabello suelto, sandalias de tacones altos, un estrecho pantalón beige, una blusa fucsia y sus labios pintados de carmesí.

Sonríe, mientras deja la cárcel de mujeres de El Inca con dirección al bus que ese día la llevará al ex penal García Moreno para reencontrarse con su esposo Miguel. Ambos están recluidos desde hace 5 años y 9 meses por tráfico de drogas.

Son parte de las 43 parejas de esposos y convivientes de estas dos prisiones, que cada jueves se reúnen gracias al sistema de visitas conyugales.

Mauricio Anda, director del centro de rehabilitación de mujeres de El Inca, asegura que “solo las personas casadas o que pueden justificar una unión libre pueden trasladarse al penal o recibir visitas dentro de sus habitaciones”.

Para tener este permiso, hombres y mujeres aunque solo uno esté detenido deben someterse a exámenes físicos y psicológicos.Así se evalúa la salud mental, la estabilidad de la pareja y se previenen enfermedades sexuales.

En el caso de las mujeres que se trasladan a la cárcel de varones, se instala una reunión donde participan equipos de diagnóstico de ambos centros de rehabilitación. Se evalúa el caso y se autoriza o no las visitas íntimas.

Lady Benavides, del departamento de Diagnóstico de la Cárcel de Mujeres, dice que en los últimos seis años solo una solicitud de visita conyugal ha sido negada.

Generalmente esto ocurre cuando uno de los integrantes de la pareja ha tenido problemas de conducta, de drogadicción o ha sido sancionado. En esos casos se necesita un examen psicológico más completo de la pareja.

A Patricia, quien tiene que cumplir tres meses más de cárcel, pues se acogió a la rebaja de penas, no le importaba someterse cada seis meses a nuevos exámenes de control. Sabe que ese es el único momento que tiene para compartir con su esposo e hijos.

“Estos encuentros no son solo para tener contacto sexual, es sobre todo para afianzar la relación familiar, que es algo que se puede desmoronar cuando una está tras las rejas”.

Por eso dice que aprovecha los jueves para que sus dos varones, de 12 y 9 años, vayan también al ex penal. “Yo cocino, conversamos, contamos nuestros problemas y pasamos todos en familia, como antes”.

Según Anda, el propósito de las visitas conyugales es que las reclusas no pierdan contacto con su familia. Este criterio es compartido por Janeth, una mujer de 45 años que está detenida desde hace 4, también por tráfico.

Esta madre de tres hijos es parte de las 50 mujeres que tienen autorización de las autoridades en la cárcel de El Inca, para recibir a sus parejas dentro de las celdas.

“Las visitas íntimas no deberían tener ese nombre, porque no hay la suficiente intimidad para estar en pareja. Además, lo que yo busco es tener un acercamiento con mi esposo, algo que me permita estar cerca de mi familia”.

Janeth se ve casi todos los miércoles con su marido, pero dice que el tiempo que tiene para estar con él es corto. Las visitas empiezan a las 10:00 y terminan a las 16:00.

Las reclusas se organizan internamente para que su compañera de habitación se quede sola el día que tiene visita conyugal, es decir los fines de semana.

Benavides explica que todas las semanas hay una lista con los nombres y días de visita de cada reclusa. “Las que no tienen visitas esos días deben salir de los dormitorios, van a la cancha, al comedor o a cualquier otro lado”.

Apenas 93 de las 500 reclusas de la cárcel de mujeres tienen visitas íntimas. “Muchas se quedaron completamente solas, sus familias y parejas las abandonaron”.

Para Anda esta es una de las razones por las cuales el lesbianismo es un problema latente en este centro. “Es una forma de sobrevivir y no caer en estado de depresión”.

Fabiola está recluida desde hace un año y medio por ser la supuesta cómplice de un robo. “Yo estaba embarazada de un mes, pero perdí a mi bebé cuando fui maltratada en la PJ”, dice entre sollozos, pero es enérgica: “no necesito de ningún hombre o mujer para salir adelante”.

Aunque a momentos se siente sola, Fabiola tienen miedo de empezar una nueva relación.

“Cuando me detuvieron, la persona qué yo creí que me amaba me abandonó. Además, yo no sé con que mentalidad puede venir un hombre, porque muchos vienen acá solo para utilizarnos”.

Ella asegura que no necesita de una visita conyugal para sentirse completa. En cambio, sus otras dos compañeras ven en los encuentros íntimos una forma de salir mentalmente de prisión.

Casa adentro

Las reclusas de la cárcel que tienen encuentros conyugales con sus parejas en el ex penal García Moreno deben realizarse exámenes médicos y psicológicos cada seis meses.

Las mujeres pueden quedarse a dormir en la cárcel de varones en fechas especiales como Día del Padre, Día de la Madre o pidiendo una autorización previa a la Dirección.

Para autorizar una visita íntima a una extranjera, se analiza si tiene una relación estable de más de un año con su pareja.

Los días de visita conyugal en la cárcel de mujeres de Quito son todos los sábados y domingos y duran seis horas.

Punto de vista

Una manera de desarrollar más el autoestima
Margarita Vizcarra, sexóloga


Las visitas conyugales ayudan a los detenidos a levantar tanto su aspecto psicológico como moral. A través de estos encuentros, ellos sienten que no hay distanciamiento con sus familias.

Además, el contacto con su pareja les permite a las detenidos sentirse seguros y desarrollar más su autoestima y el deseo de seguir luchando y salir adelante.

Es como olvidarse por un minuto de los problemas y sentirse nuevamente aceptados dentro de una sociedad que, por diferentes motivos, les privó de su libertad.

Sienten nuevamente contacto con el mundo exterior gracias al tipo de relación que mantienen con su pareja.

Hay que pensar que las visitas conyugales van más allá del acto sexual. Estos encuentros crean una idea de sentirse protegidos por la persona que ellos aman.

El encuentro íntimo, como tal, juega un papel importante dependiendo de la edad de la pareja. Si son jóvenes, el contacto es trascendental, no solo por la satisfacción, sino por todo lo que implica hacer el amor. En ese momento, hay caricias y una demostración permanente de cariño.

Esta es una manera de afianzar la seguridad en uno mismo, al mismo tiempo que descarga adrenalina y estrés, es una forma de sentirse nuevamente libre.

A pesar de que el lugar no es el apropiado, son relaciones íntimas de la pareja, por el tipo de contacto. Sin embargo, no existe la suficiente privacidad para hacerlo.

Ciudad Quito



         


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