La vigencia combativa de la "X"

Publicado el 25/Febrero/2012 | 00:51

Juan Montaño Escobar

axe858@hoy.com.ec



Malcolm X, el profeta, fue asesinado el 21 de febrero de 1965, en el Audubon Hall, en Harlem, Nueva York. ¿Profeta? Qué palabra recargada para quien quería la liberación afroamericana, por los medios que fuera, sin postergaciones. Aquel calificativo tiene axê transcendental, porque remite a teología combativa y pragmática más que doctrinaria; también a intenso liderazgo consumido como lucero fugaz.

Las palabras de Malcolm X mataron la indiferencia en el planeta tricontinetal de los años sesenta, proclamando "ruptura" y "cambio" en las sociedades colonialista por los medios que fueran necesarios. Y también en las pseudo independientes. Para modificar hay que romper (cracking político y cultural).

No aceptó el apellido, Little, que le mantenía en el tiempo como propiedad simbólica del esclavista dueño de esa marca. Una "X "bien vale ese renunciamiento. Malcolm X vivió en las entrañas del capitalismo, en su versión lumpen, y sabía lo que predicaba. Los 150 millones de afroamericanos (Malcolm X quería que así nos definiéramos), mujeres y hombres, estamos sin representación política. O al menos es muy débil. ¿Ejemplo? Una muestra: menos de 100 parlamentarios en las tres Américas (no pregunten en Ecuador), igual cifra límite de alcaldes o gobernadores, bajísima cantidad de empresarios y alto números de desempleados (con mayor tragedia en las mujeres negras), ínfima cantidad de universitarios, muy pocos negros en las alturas gubernamentales y hasta en las televisoras americanas somos inexistencia programada.

Uno de estos sábados, el presidente Rafael Correa repetía una frase de Malcolm X y corregía, porque la imagen de Denzel Washington reemplazaba a la auténtica. Este jazzman iba en un taxi y pensó que haría una referencia ilustrativa y más prolongada de este revolucionario. No fue así. Ocurre y con frecuencia, es el error de la izquierda latinoamericana: perseverar en la ruta epistemológica del eurocentrismo. Sí, les da por el "indigenismo", pero con los indígenas en las filas posteriores. Los afroamericanos sirven para agitar banderitas partidarias en las orillas de las vías, mientras unos políticos blancos, con guardaespaldas negros, pasan de largo agitando una mano indiferente. O se detienen para la foto provechosa. Esa historia no cambiará en 2013. Hay una excepción partidaria, el Movimiento Popular Democrático (MPD). Y no sé si es un caso insólito en las Américas.

Unos meses antes de su asesinato, ahí en Harlem, recomendaba: "Aprendan de la historia. Que nadie que nos oprima establezca las reglas juego. No hacerle el juego, no jugar el partido por sus reglas". Los afroamericanos, de cualquier país de las Américas, debemos inventar las reglas y el juego, no hacerlo es perder respeto, carecer de autorespeto, es no ganar (o renunciar a ganar) poder político. Es la metáfora del cimarrón y del Tío Tom de la casa y es la diferencia entre nuestros derechos humanos y el concierto de derechos.

 

Autor: Juan Montaño - axe858@hoy.com.ec Ciudad Quito



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