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La venta de la bandera

Publicado el 26/Enero/2004 | 00:00

El presidente Luis Cordero (1892-1895) fue obligado a renunciar y estigmatizado por el resto de sus días por haber facilitado, en un oscuro episodio, que un barco de guerra ondee la bandera ecuatoriana mientras era transferido de Chile a Japón, cuando este país se hallaba en guerra con China. Ríos de tinta han corrido para explicar y defender la posición de Cordero, pero de cualquier manera la Historia lo registra como uno de los acontecimientos más truculentos de la agitada vida republicana.
Ahora no se vende la bandera, sino la nacionalidad. Y el cúmulo de actos de corrupción es tal que parece que el tráfico de la ciudadanía no estremece a la conciencia nacional. El affaire "Simón Trinidad" se ha destacado más por las contradicciones entre las declaraciones de autoridades ecuatorianas y colombianas, que por el execrable delito de entregarle a este dirigente de las FARC una cédula y pasaporte ecuatorianos. Tibias investigaciones sobre posibles responsables, y alguna detención de los ejecutores materiales son hasta aquí los únicos resultados de este hecho.
Y claro, el caso de "Trinidad" afloró a la luz pública por su trascendencia política y la contradicción ecuatoriano-colombiana. Pero vaya a saberse cuántos miles de cédulas y pasaportes ecuatorianos se habrían entregado a extranjeros a cambio de coimas. Un suelto de prensa de días pasados daba razón de alrededor de 15 mil “registros tardíos” en la provincia del Carchi, que despierta grandes suspicacias sobre la realidad de la operación. El registro tardío consiste en inscribir a una persona que supuestamente ha nacido tiempo atrás y que, por cualquier razón, no fue inscrita oportunamente. En base a este procedimiento, creado de buena fe por la ley para atender casos excepcionales, bien se podría estar ‘nacionalizando’ a un gran número de extranjeros por la ‘vía rápida’, sin más requisito que el pago de ‘determinados aranceles’.
El problema del Registro Civil viene de atrás, sin que haya habido gobierno con la decisión suficiente para enfrentarlo y adoptar decisiones radicales. Se ha manejado más bien como botín político y se ha jugado con la identidad de las personas y la nacionalidad ecuatoriana. ¿Acaso no se recuerda que hace pocas semanas la entonces directora del Registro Civil afirmó con la más grande desfachatez, que no renunciará a su función porque es comadre de la esposa del presidente Gutiérrez?
La verdad es que en el Registro Civil se trafica con la nacionalidad, se inscribe como ecuatorianos a ciudadanos que han nacido en el exterior y que aparecen luego como oriundos de Babahoyo, Quevedo, San Gabriel, Tulcán o cualquier otra ciudad, y además se maltrata cotidianamente a los ecuatorianos con el pésimo servicio, las interminables colas y la suspensión de la atención por el consabido ‘no hay especies’.
El ministro Raúl Baca no puede convertirse en cómplice y encubridor de este organismo que avergüenza a la República. Tiene la obligación de limpiar esa cueva de Rolando y concesionar el servicio de manera que garantice la atención digna a los ciudadanos, y especialmente que no se trafique con la nacionalidad.

Autor: Francisco Rosales - rosales@hoy.com.ec Ciudad QUITO



         


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