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La toma de Caracas

Publicado el 11/Octubre/2002 | 00:00

Precisamente, el día en que las fuerzas de oposición al Gobierno del Presidente Hugo Chávez llevaban adelante una marcha de protesta bautizada como la ‘Toma de Caracas’, que muchos analistas consideraban peligrosa por los probables enfrentamientos violentos que podría tener, un Congreso Sudamericano de Filosofía, el V nada menos, se desarrollaba en la misma ciudad. Nada enceguece más que los estereotipos. Con sus indiscutibles reinas de belleza, su petróleo derrochado, su famoso pacto de estabilidad entre los dos partidos mayoritarios del país, el de Punto Fijo, que terminó siendo un acuerdo de corrupción y de mutua impunidad, Venezuela tiene un enorme desarrollo de la filosofía que cumple los requisitos de la ‘normalización’ que estableciera hace más de medio siglo Francisco Romero, y que no eran más que los exigidos en Europa y en EE UU. Mientras en algunos países del área andina como Ecuador, la filosofía está a punto de desaparecer, los venezolanos siguen manteniendo su prestigiosa Revista Venezolana de Filosofía, publicando libros y organizando seminarios, así sea en plena etapa de marchas y de tomas.
La ‘Toma de Caracas’ revela un país polarizado. El conflicto ha llegado a límites extremos, por lo menos en lo que tiene que ver con las demandas de la oposición y la posición del Gobierno. Más que una lucha por la democracia, lo que aparece es el agotamiento de la sociedad civil para poder generar salidas a la crisis y la herencia de tanto ‘punto fijismo’, que terminó por desbaratar no solo la economía del país sino sobre todo la legalidad de sus instituciones y la moralidad de sus dirigentes. Que no haya una salida aceptable al fenómeno Chávez es una muestra de la perversidad de la herencia, que como los personajes de los dramas de Shakespeare, intenta acariciar hasta el final el poder.
Por lo demás, el pasado está atrás. Ni Chávez es Marcos Pérez Jiménez, pese a las afinidades de que se le acusa al primero, ni la oposición de hoy son los adecos y copeyanos en estado de pureza política.
Por lo demás, las debilidades de cada uno de ellos son notorias, sobre todo frente al futuro. ¿En qué consiste el proyecto de la oposición que no sea su rechazo a Chávez?. Preocupa además, que se pasee en los rostros y en las palabras de muchos de los opositores la sombra del autoritarismo, lo que resulta un contrasentido fatal, porque se supone que lo que se quiere restaurar es la democracia. En cuanto a Chávez, no hay tampoco un proyecto claro de qué va a hacer su Gobierno para ganar la credibilidad que ha perdido y que requiere urgentemente bajar la polarización.
Una de las posibles explicaciones de la incapacidad para encontrar salidas en la Venezuela de hoy es la misma oposición. No se trata solamente de que esté unida y de que tenga líderes visibles, que no parece tenerlos. Algo más importante falta, que es eso que se podría llamar una especie de ‘reserva democrática’ y que sería la expresión de una sociedad civil no contaminada por la polarización. Mientras tanto, todo puede ocurrir.

Ciudad Quito



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