Quito. 20 jul 97. (Editorial) ¿No les parece a ustedes que el
mundo de la moda ha perdido un baluarte? ¡Ya nada será igual sin
Gianny Versace!
¿Ustedes se vestían con Versace? Yo también. De mañanita
prendía la radio y, mientras esperaba que el Oquendo con Versace
con el entrevistado de turno, me iba vistiendo. Pero ahora,
¿cómo me voy a seguir vistiendo? No pues, con la televisión
prendida no puedo vestirme porque me parece que me están viendo.
¡Y me da una vergüenza! Tímido que es uno.
Híjoles, ahí sí que me la pusieron complicada. ¿Cómo les voy a
describir cuál era la característica de Versace? Bueno, Versace
era atrevido. Audaz. Agresivo. Salvaje. Loco. O sea háganse
la idea del Alfredo Adoum, pero en modisto. Y sin chaleco. Y
sin dispararle a la suegra. Y sin tanto grito. Y sin tanta mala
palabra. No, no está buena la comparación. Porque Versace era
delicado, y el Adoum no es delicado. Versace era sensible, y el
Adoum no es sensible.
Versace era creativo, y el Adoum no es creativo. Versace tenía
juicio. Y el Adoum, en cambio, solo tiene juicios. Ojalá pierda
algunito y le metan preso.
¡Ya me cabrié! De gana me hacen acordar del Adoum, sin venir a
cuento. Sigamos nomás hablando de la moda, que es un tema mucho
más elegante. O pret-a-porter, como decimos en francés cuando
queremos que nos abran la puerta. De la moda.
¿Saben quién sí se ha de vestir con Versace? ¡El Moeller! ¿Sí
le han visto lo elegante que es? Chuta, qué ternos azules de
medianoche que tiene. Y cómo los combina con esas corbatas de
seda gris perla que, sobre las camisas beiges de tono madrugada,
le dan ese look de conquistador irresistible con que conquista
a los hijos DP. A cambio de la vicepresidencia del Congreso,
claro, pero que les conquista, les conquista.
Cómo sería la magia de Versace que a un hombre entrado en carnes
como el Moeller, un terno cruzado le hace parecer flaco. A un
pelado como el Moeller, un sombrero Versace le hace parecer con
pelo. A un zorro como el Moeller, un abrigo Versace le hace
parecer oveja. ¡Mucho lote era Versace!
Pero ahora ¿cuál será el destino del Moeller? Pobre. Ya me está
dando pena. Sin Versace, va a comenzar a verse igualito que el
Alarcón. Y que el Verduga. Y entonces uno estará en la
imposibilidad de reconocer cuál es cuál, vestidos como andan
ellos con puro terno Armani. Pero de los falsetas, made in
Pujilí.
Aunque, viendo bien, el Alarcón también es bien elegante. De
gana le hablan. ¡Cómo combina sus tenidas! En esas se pasa.
Escoge su atuendo con mucho esmero, hasta que decide ponerse un
saco verde de los hijos DP, una corbata a rayas amarillas con
negro de los del Pre, y unas medias usadas de la Susana González,
o sea amarillas, que hacen juego con su pañuelo también amarillo.
Sonado por el Lión.
Y así se siente feliz, de lo bien combinado que queda. Claro que
enseguidita se cambia y se viste de azul para aparecer en público
y decir que es dueño y señor de su propia moda.
O sea más bien no está de creer en la moda del Moeller, el
Verduga y el Alarcón. Porque de tanto que se han usado, ya no
se usan. ¡Qué alivio!. (DIARIO HOY) (P. 4-A)

