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La Historia Superpuesta De Carondelet

Publicado el 09/Agosto/1998 | 00:00

Quito. 09 ago 98. Si se usan con rigor los términos, el nombre
debería ser Palacio de Gobierno de los Presidentes del
Ecuador. Auque Carondelet es un buen resumen de lo que
significa todo aquello.

Con ese nombre propio se lo conoce a la Sede del Gobierno del
País. Darle estos apelativos es una constante muy colorida en
toda América.

Para comenzar por el norte, en Estados Unidos se llama Casa
Blanca y en el otro extremo del continente, en Argentina, es
la Casa Rosada.

En el medio están la Casona (Venezuela), el Palacio de San
Carlos (Colombia), el Palacio de Pizarro (Perú), el Palacio
Quemado (Bolivia) y la Moneda (Chile), para dar algunos
ejemplos.

Al nuestro se lo denomina así, en honor al principal gestor de
lo que hoy es este edificio: el barón Luis Héctor de
Carondelet. Pero este gobierno de la Real Audiencia de Quito
no fue quien puso la primera piedra, ni la última y así lo
cuenta la historia.

La Colonia

Cuando los Españoles llegaron a Quito encontraron los restos
de una urbe bien organizada, con edificaciones monumentales.

Al huir, los incas lo habían destruido todo.

Sobre las ruinas todabía humeantes de la segunda capital del
incario se levantó la de Quito, que en futuro sería una de las
más importantes sedes del poder colonial español.

La iglesia de San Francisco está construida sobre lo que fue
el complejo de Huayna Cápac - el palacio y casas adicionales-.
Atahualpa estaba construyendo su palacio donde hoy es la
biblioteca Municipal, en la intersección de las calles Mejía y
García Moreno.

El nuevo trazado urbano diseñado por los españoles determinó
que la iglesia Catedral sea construida al frente de ese
palacio y lo mismo la Casa Real, que era donde funcionaban las
oficinas administrativas de la Real Audiencia de Quito.

Un visitante observador se puede dar cuenta que en la pared
inferior frontal de Carondelet existen piedras poligonales,
diferentes a las cuadradas típicas de la construcción
española. Las piedras poligonales eran parte de los edificios
incas.

Sin embargo, en el principio no fue todo como parecía. Quito
sufría terremotos que destruían las construcciones que no
estaban diseñadas con técnicas preventivas. Los gobernadores
no se preocupaban mucho de tener unas oficinas lujosas, sino
unas residencias con comodidades, que no se ubicaran cerca de
las oficinas.

Donde ahora funciona Carondelet había varios despachos: del
gobernado de la Real Audiencia, el oidor, los escribidores, la
cárcel, la oficina de correos y un cuartel.

Pero a la par que fue creciendo la importancia de la Real
Audiencia de Quito, su palacio, el ubicado en el lado oeste de
la Plaza Mayor, también iba tomando un aire galante.

Como en un buen diseño urbano español, al este de la Plaza
estaba el edificio del Cabildo al sur la iglesia -en este caso
la Catedral y al otro lado la casa del arzobispo.

Que la Plaza Mayor sea el eje de la vida de la ciudad era
lógico; allí estaban las sedes del poder político, el poder
religioso y la representación local, tres de los más sólidos
fundamentos de la dominación.

Pero la Colonia debía terminar. Los nobles criollos tomaron el
poder de los españoles y pusieron en práctica las ideas de la
República fundada en Francia.

Hasta entonces, los accesos del Palacio estaban al frente,
existían dos escalinatas bien separadas, que desembocaban en
dos entradas bien grandes. No existía el tímpano central, la
plaza era de piedra con una pileta en el medio, como consta en
un cuadro hallado en Francia. Por la bandera que flamea se
colige que el cuadro fue pintado entre 1845 y 1860.

El palacio como tal no varió sustancialmente hasta la segunda
administración de Gabriel García Moreno, que construyó el
frontis y mandó traer de Francia un reloj para ponerlo en el
medio.

Fue casualmente el abuelo del Arq Sixto Durán-Ballén quien
compro en Francia las rejas que están entre los arcos y
columnas del atrio, así como las de la gran terraza, que
provenían de las tullerías, ornamentos que habían sido
testigos de la revolución francesa.

En la época repubicana, el congreso funcionaba donde hoy está
el Salón Amarillo o de los presidentes hasta que fue retirado
a un edificio nuevo-el actual Palacio Legislativo-, construido
por Camilo Ponce Enríquez, quién durante su presidencia
emprendió una grán obra pública, preparando a la ciudad para
recibir a los mandatarios que iban a participar en la XI
conferencia Panamericana, que nunca se realizó.

Quién organizó las obras con un entusiasmo inusitado fue el
ministro de Obras Públicas del gobierno de Ponce, el Arq Sixto
Durán Ballén.

Años más tarde ya de Presidente de la República, Durán-Ballén
realizó los más importantes trabajos para adecuar e integrar
lo que ahora se llama el complejo de Carondelet.

Las calles Chile, García Moreno, Espejo y Benalcazar
circundan, al norte y al este, la casa de gobierno; al oeste
la Vicepresidencia de la República; y al sur, el Ministerio de
Gobierno.

Pero ahora todos esos edificios están integrados por accesos
seguros y oportunos. De manera que los colaboradores del
Presidente puedan estar inmediatamente.

En el interior del Palacio Presidencial se encuentra el Salón
Amarillo y, sin salir necesariamente a los pasillos, está el
Salón de los Banquetes. Se trata de un sitio muy largo, y sin
mayor adorno, que tiene una meza en la que pueden comer
sentadas unas 80 personas. Destaca la sobriedad de los
cortinajes, las lámparas y la artesanía del techo.

Junto a este salón, que está en el extremo norte del Palacio
de Carondelet, hay una serie de pequeños salones, antes de
llegar, al Salón de Concejo de Ministros, en el centro del
Palacio, lado este.
Este es un sitio más funcional, se usa con más frecuencia,
pero cabe destacar la talla de los sillones y la hermosísima
madera de la mesa.

El sillón destinado al Presidente tiene en lo alto de la
cabecera el Escudo nacional y los brêzos terminan en unas
cabezas fantásticas.

Por una pequeña puerta se accede a las salas de espera y por
otra se llega al sitio al que han querido llegar tantos
ecuatorianos pero que han estado reservado para unos pocos
elegidos: el despacho Presidencial, el corazón del poder
nacional.

Esta oficina de regular tamaño esta en el sureste de la
manzana y tiene acceso directo a los gabinetes del Secretario
Particular, Secretario de la Administración y una oficina para
las secretarias.

Al otro extremo del Salón de Consejo de Ministros está un
pequeño oratorio, una pieza arquitectónica y artística
clásica, que obliga a recordar el pasado profundamente
religioso del País.

En la parte baja están las dependencias que tiene importancia
más bien con asuntos de administración interna de la casa de
gobierno; además está la cochera y la sala para la prensa.

Tiene dos patios, cada uno adornado con una pileta y muchas
plantas que le dan un ambiente de tranquilidad. El hierro hace
un juego muy interesante con la piedra del piso y la blanca
pintura de paredes y techos.

La puerta principal, las lámparas, los faroles colocados al
inicio de la grada y el pasamano de la doble grada mesclan con
muy buen gusto el bronce y el hierro.

En el descanso de la grada existe un tríptico pintado por
Oswaldo Guayasamín relativo al descubrimiento del río Amazonas
y en medio está la Bandera del Ecuador, a lo que todo
visitante debe saludar con respeto. âse es Carondelet, un
lugar donde están representadas todas las fases de la historia
nacional, esas raíces que han producido el fruto que hoy
cuelga de sus ramas. (Texto tomado de El Expreso)

Ciudad Quito



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