La escala salarial

Publicado el 15/Junio/2004 | 00:00

Mientras la Secretaría Nacional de Remuneraciones (Senres) afirma que la escala salarial del sector público está a punto, el ministro de Economía, Mauricio Yépez, asegura que aún se halla en estudio Esa escala será, en lo inmediato, el instrumento esencial para la prometida alza de las remuneraciones del sector público y después, para la unificación salarial.
Ya el anterior ministro de Economía, Mauricio Pozo, en plan de curarse en salud del sobresalto que le causó el anuncio presidencial de una elevación de sueldos generalizada, pretendió precisar al menos dos condiciones para ella: primera, que no signifique incremento de la masa salarial que, en el Presupuesto de 2004, tiene un techo de $ 2 027 millones; segunda, que el incremento solo sea para quienes tengan una remuneración mensual unificada menor de $700.
No obstante, los servidores públicos que se hallan en 11 de las 14 escalas elaboradas por el Senres estarían en aquella situación y, por tanto, deberían tener un incremento de sus sueldos.
En estas circunstancias, ¿será posible aumentar las remuneraciones del sector público y mantener sin elevar la masa salarial? Supuestamente, la elevación se hará con la depuración de los roles y con gastos que no se hubieran ejecutado en los seis primeros meses de ejercicio fiscal. ¿Permitirá solo esa ‘reingeniería’ presupuestaria el incremento salarial prometido a partir del julio? ¿O el Gobierno tendrá que echar mano de otros recursos?
El problema origina en el manejo político del tema que, finalmente, se responde a la misma la lógica de la irónica sentencia popular: "yo te ofrezco, busca quién te dé". En dolarización y con los niveles inflacionarios previstos del 3% para fines de año, se debe proceder para cualquier incremento con criterios estrictamente técnicos y económicos y no con la oferta demagógica. La elevación de las remuneraciones del sector público se avizora como fuente de próximas tensiones y conflictos.
Pero la definición de la escala salarial servirá como un instrumento para un proceso de especial trascendencia y alcances, el de unificación y homologación salarial, que deberá efectuarse desde el 1º de enero de 2005. La sola perspectiva de ellas ha evidenciado ya las abismales diferencias en los salarios del sector público. Según el Observatorio de Política Fiscal, por ejemplo, el superintendente de Compañías gana $11 669 al mes, remuneración superior en más de $4 000 a la que recibe el ministro de Economía y en un poco menos de $6 000 al sueldo que recibe el ministro de Bienestar Social. La disparidad salarial no solo se da en los cargos de mayor jerarquía, sino en la base. En efecto, según el mismo Observatorio, un jardinero de la Superintendencia de Compañías cobra $907 mensuales: ese sueldo es 2,26 meses el ingreso de un conserje del Ministerio de Bienestar Social y, aunque no lo dice el Observatorio, con seguridad el jardinero recibe un sueldo superior a muchos profesores fiscales.
La unificación salarial, además, posibilitará transparentar las remuneraciones del sector público, cuyos componentes muchas veces están camuflados en bonos, gastos de residencia y representación y otros pagos por el estilo.
La definición de la escala salarial del sector público es, pues, un paso clave para todo el proceso pendiente de unificación y homologación salarial.

Ciudad QUITO



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