Lucio Gutiérrez, en uno de sus cada vez más escasos momentos de lucidez, hace un mes, aseveró que la deuda pública es una bomba a punto de estallar. El -seguramente leyendo su propio Presupuesto para el año 2004- llegó a esa conclusión. Y como en otras ocasiones, no tomó medida correctiva alguna... esperando que sin volver a hablar del tema, el problema desapareciera.
La bomba avizorada por el presidente-coronel se`materializa. El monto del servicio de la deuda pública, externa e interna, se mantiene elevado. A primera vista, se destinará apenas 36% del Presupuesto para ese fin. En realidad el peso de intereses y amortizaciones representa más del 44% de los egresos efectivos que a nivel de caja registra el Ministerio de Finanzas; un promedio conocido desde 1999 y que se incrementó en valores absolutos desde 1998 a pesar de la negociación de los Bonos Global en el año 2000. Así, estos egresos, que alcanzaron los $2 299 millones en 2002, aún sin pagar todos los intereses, significaron un 41,1% de los $5 600 millones registrados como egresos efectivos. Para 2004, el país requerirá nuevos créditos - $1 500 millones de deuda interna y $500 millones del exterior- para atender un servicio que superará los $2 500 millones; la diferencia se cubrirá con el ahorro compulsivo de la sociedad, lo que recesa la economía e impacta en la recaudación tributaria reduciendo incluso los ingresos para servir a la deuda...
Dicha cifra, empero, no recoge toda la verdad de los pagos previstos, pues allí no se contabilizan más de $300 millones, o sea el 70% de los ingresos que se generen por la exportación de petróleo a través del nuevo oleoducto, preasignados por ley para el pago anticipado -vía recompra preanunciada- de la deuda externa. Así las cosas, el peso real del servicio superará el 50% de egresos totales; cifra que crecería con la reforma tributaria, cuyos ingresos también irán a dicho servicio. Como para anticipar mejor la magnitud de la explosión en ciernes, basta con recordar que todavía el Ecuador no paga la amortización de los Bonos Global; que no hay cláusulas de contingencia si cae el precio del petróleo, por ejemplo; que para apuntalar la cotización de dichos bonos se armó todo un paquete de medidas que castiga al país si se atrasa en los planes de pago impuestos... Incluso un despistado podría darse cuenta de que hay un abismo entre la necedad de mantener un arreglo imposible y la necesidad de atender el desarrollo nacional. Iluso es creer que con una estrategia de deuda estabilizada, apoyándola con operaciones de recompra, se va desarmar la bomba de tiempo. También es ingenuo esperar que esta no explotará endeudándose más, como planteó el presidente-coronel al solicitar, antes de que sea demasiado tarde, más desembolsos de los organismos multilaterales. Se debe comprender que ninguna estrategia sostenible se basa en un endeudamiento externo indefinido; regla válida incluso para el sector privado, cuya creciente deuda externa -con más de $5 300 millones- constituye otra carga a punto de estallar. Y por cierto es preferible impugnar a tiempo cualquier mal arreglo de deuda, antes que esperar -como se hizo en 1999- a que la bomba explote en las manos para recién entonces intentar hacer algo.
La bomba avizorada por el presidente-coronel se`materializa. El monto del servicio de la deuda pública, externa e interna, se mantiene elevado. A primera vista, se destinará apenas 36% del Presupuesto para ese fin. En realidad el peso de intereses y amortizaciones representa más del 44% de los egresos efectivos que a nivel de caja registra el Ministerio de Finanzas; un promedio conocido desde 1999 y que se incrementó en valores absolutos desde 1998 a pesar de la negociación de los Bonos Global en el año 2000. Así, estos egresos, que alcanzaron los $2 299 millones en 2002, aún sin pagar todos los intereses, significaron un 41,1% de los $5 600 millones registrados como egresos efectivos. Para 2004, el país requerirá nuevos créditos - $1 500 millones de deuda interna y $500 millones del exterior- para atender un servicio que superará los $2 500 millones; la diferencia se cubrirá con el ahorro compulsivo de la sociedad, lo que recesa la economía e impacta en la recaudación tributaria reduciendo incluso los ingresos para servir a la deuda...
Dicha cifra, empero, no recoge toda la verdad de los pagos previstos, pues allí no se contabilizan más de $300 millones, o sea el 70% de los ingresos que se generen por la exportación de petróleo a través del nuevo oleoducto, preasignados por ley para el pago anticipado -vía recompra preanunciada- de la deuda externa. Así las cosas, el peso real del servicio superará el 50% de egresos totales; cifra que crecería con la reforma tributaria, cuyos ingresos también irán a dicho servicio. Como para anticipar mejor la magnitud de la explosión en ciernes, basta con recordar que todavía el Ecuador no paga la amortización de los Bonos Global; que no hay cláusulas de contingencia si cae el precio del petróleo, por ejemplo; que para apuntalar la cotización de dichos bonos se armó todo un paquete de medidas que castiga al país si se atrasa en los planes de pago impuestos... Incluso un despistado podría darse cuenta de que hay un abismo entre la necedad de mantener un arreglo imposible y la necesidad de atender el desarrollo nacional. Iluso es creer que con una estrategia de deuda estabilizada, apoyándola con operaciones de recompra, se va desarmar la bomba de tiempo. También es ingenuo esperar que esta no explotará endeudándose más, como planteó el presidente-coronel al solicitar, antes de que sea demasiado tarde, más desembolsos de los organismos multilaterales. Se debe comprender que ninguna estrategia sostenible se basa en un endeudamiento externo indefinido; regla válida incluso para el sector privado, cuya creciente deuda externa -con más de $5 300 millones- constituye otra carga a punto de estallar. Y por cierto es preferible impugnar a tiempo cualquier mal arreglo de deuda, antes que esperar -como se hizo en 1999- a que la bomba explote en las manos para recién entonces intentar hacer algo.
Hora GMT: 03/Diciembre/2003 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Alberto Acosta

