JURAMENTO A LA BANDERa

Publicado el 07/Marzo/2001 | 00:00

Especial para HOY Quito. 7 mar 2001. El 27 de febrero de 1829 ocurrió la Batalla de Tarqui, en la que tropas de la Gran Colombia derrotaron a las del Perú y preservaron los derechos amazónicos del Departamento del Sur. La fundación del Ecuador (1830), tras separarse de Colombia, reactivó las pretensiones del Perú sobre amplios territorios amazónicos. Pero el Ecuador no logró mantener su soberanía en ellos y la perdió a causa de la invasión de tropas peruanas (1941) y la suscripción del Protocolo de Río de Janeiro (1942). Habiendo aceptado la vigencia del Protocolo, el Ecuador firmó los Acuerdos de Paz del 26 de octubre de 1998 con Perú, con los que terminó la disputa territorial. A pesar de las polémicas, ambos países ganaron un futuro de paz y Ecuador afirmó su identidad nacional. Hubo, pues, razones históricas que llevaron a consagrar al 27 de febrero como Día del Ejército, del Civismo y de la Unidad Nacional. Para conmemorarlo, los alumnos de los sextos cursos de los colegios deben realizar el Juramento a la Bandera, una ceremonia anual cumplida la semana pasada. En la mayoría de planteles se hacen actos de tipo castrense, con alocuciones cívicas cargadas de fogoso patriotismo. No siempre se advierte que los tiempos ya han cambiado. Entre los mismos jóvenes han crecido las críticas contra las ritualidades militares y los juramentos patrioteros en los que no creen. Varios colegios han modificado la ceremonia, excluyendo las formalidades marciales y los discursos chovinistas. Los estudiantes sienten extraña una patria simbolizada en la Bandera, pero cuya realidad es el atraso, la deuda, el sometimiento al capital financiero internacional y las oligarquías, con gente pobre y trabajadores mal pagados. Quieren un Ecuador distinto. Hacen un compromiso por el futuro, porque el pasado y el presente del país lucen frecuentemente ajenos a la promoción humana, la dignidad nacional y el honor como estado. Anhelan vida y paz. No muertes, sangre ni guerras. Y es bajo este nuevo espíritu que se impone un cambio de mentalidades, de valores y de rituales. Conmemorar batallas y pensar sobre las fiestas cívicas merece debatirse, porque la historia del Ecuador no puede aferrarse a viejas tradiciones, costumbres y conceptos. (Diario Hoy)

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