Jueces sancionados

Publicado el 25/Febrero/2012 | 00:50

Juan Falconi Puig

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Desde décadas atrás la Función Judicial iba de tumbo en tumbo hasta la reforma del 2011 que, realmente, pensé que sería trascendente y duradera, pues partía, a diferencia de las anteriores, de una consulta popular que le daba una cierta legitimidad original, independiente de que la iniciativa haya sido del Presidente, o no. Pero, lamentablemente, primaron los fraudes y las trampas cometidas con remunerado descaro, para favorecer a unos y perjudicar a otros, pues se habla, inclusive, de un segundo primer millón que se habría transado en N.Y., como maniobra de diversión que desvíe los indicios para otro lado. Por ello no han querido exhibir y entregar a la ciudadanía esas pruebas y exámenes, como lo sugirió el propio presidente y también un miembro del Consejo de la Judicatura de Transacción, en radio Democracia de Quito.

La mafia, que se robó la reforma, al igual que la del 2005, recibiendo "calientitas" las calificaciones de los aspirantes para establecer por cuales compraban puntos para arriba o para abajo, según convenía a sus corruptos intereses y necesidad de infiltrar todas las instancias del poder público para mantener impunidad e impedir las extradiciones, sigue campante. Pero no escapa a personas medianamente informadas que, si los aspirantes que no les convenían hubieran rendido malas pruebas, habrían montado una de sus típicas campañas difamatorias exhibiendo, ahí sí, tales pruebas. Para ello cuentan con el Hombrecillo del Maletín y un Adams, pegado como chicle en el zapato para los efectos más perversos, llevados a cabo por las PREparadas mini bazofias genéticas y los descalificados de siemPRE. Estas son las corruptelas que expertos en cualquier cosa menos en Derecho y Veedores que, pagados para ver, no vieron porque deliberadamente miraban para otro lado.

En el camino, aplican otra maniobra de dizque sancionar a los malos jueces, entre los que, obviamente, no están todos los son, ni son todos los que están sino los que conviene sacar o ingresar a la judicatura porque los verdaderos prevaricadores, por dictar sentencias iguales en casos distintos, hasta con las mismas faltas de ortografía; que han hecho el juego a citar a demandados y/o querellados en ciudad distinta a su domicilio, violando todas las reglas del debido proceso para que no puedan defenderse, no obstante conste documentadamente el perjurio por sí conocerse el domicilio; que descaradamente han actuado sin competencia por el territorio o por la recusación; o que, por Ej., han actuado –como se ejemplifica en el fallo condenatorio a Baltasar Garzón- con ignorancia inexcusable.

Y claro, si la ley se presume conocida por todos, con mayor razón será por el juzgador. Empero, tratándose de esas prevaricaciones escandalosas, no solo que no hay condena sino que, no se conoce de juicio alguno por esos motivos, llegando la mayoría de las sanciones a la mera suspensión de un mes, que no constituye ni la milésima de la dádiva. ¿Son acaso, esos jueces, realmente sancionados?



 

Autor: Juan Falconí - Ciudad Quito



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