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GUAYASAMIN TRES MIL AÑOS PINTANDO

Publicado el 21/Marzo/1999 | 00:00

Quito. 21 mar 99. Cuando Osvaldo Guayasamin tenía 66 años,
recibió en Quito la visita del cantor y poeta popular uruguayo
Daniel Vigletti. Presentamos un extracto de su entrevista.

El pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín fue un amante
profundo del alma latinoamericana. Una muestra de ello es la
entrevista que el poeta y cantor uruguayo Daniel Viglietti
hizo al pintor hace 24 años, en Quito.

Guayasamín habla de pintura, de música y de la magia y el
dolor latinoamericanos.

Por Daniel Viglietti

Hacía un año que yo había vuelto al Uruguay cuando la actriz
uruguaya Betty Rolando, que estaba trabajando en Colombia, me
entusiasmó con el proyecto de una gira. Resultó una excelente
organizadora. Al terminar la gira colombiana, me surgió la
idea de llegar a Ecuador y contacté a la familia de Jorge
Enrique Adoum, el escritor ecuatoriano que había conocido años
antes en París.

Ecuador ðcomo ahorað estaba muy conmocionado, aunque por otras
razones: las acciones del movimiento 'Alfaro vive'. Luego de
cantar en la Universidad Central, en Quito, me desdoblé en mi
tarea de investigador cultural y fui a visitar a Oswaldo
Guayasamín. Llegué a su casa-museo-fundación y hoy reproduzco
lo esencial de ese encuentro, cuando él tenía 66 años.

Entrando a esta casa me impresiona el volumen de arte y de
tiempo sumados.

Son ya muchos años de trabajo de una intensidad tremenda, y lo
más terrible en este momento es que con mis archivos, mis
cajas, los cajones donde tengo mis dibujos, que son miles y
miles, me da desesperación la posibilidad de no alcanzar a
hacer los cuadros que están adentro. Esto me angustia
terriblemente, me harían falta 100, 150, 200 años.

Y esta casa que guarda todo eso, ¿cuándo y cómo la hiciste?
Me tardé cinco años en diseñarla y en construirla. Me pasé día
a día desde las siete de la mañana con los albañiles, viéndola
crecer de pared en pared. La parte arquitectónica está hecha
por un arquitecto a quien le puse el ojo para que reflejara
exactamente la idea.

Me decías que los ángulos de los techos exteriores tenían una
relación con la montaña.

Exactamente, con el Pichincha al frente. La casa está blanca,
pero la forma es exactamente como el Pichincha. La posición a
200 metros sobre el nivel de la ciudad, donde está construida
la casa, es un acierto para que esto sea completo. Otra cosa
importante son los objetos que están adentro, colocados con
una precisión maravillosa. Y este es el mundo que me rodea, el
que está dentro de mí. A través de 40 o 50 años he podido
obtener estas cosas precolombinas.

Creo que ya no te será necesario un manifiesto de
enfrentamiento a la penetración de la metrópoli: este es el
manifiesto tuyo, tu propia obra.

Eso se refleja en cada cosa que estoy haciendo. Recién empiezo
a decir cosas mías. Todavía hay rémoras de cosas aprendidas de
afuera, porque lo que trato ahora es de olvidar todo lo que he
aprendido. Trato de decir todo lo de adentro de mí mismo.
Una vida de encuentros. ¿Cómo fue el de Yupanqui, a quien
pintaste con tanta intensidad?

Nos conocimos en París, y alguna vez le prometí, si pasaba por
Quito, hacerle un retrato. Y de repente apareció dando
conciertos. Se hospedó en mi casa y pude hacerle un retrato.
Es bastante grande, debe tener un metro veinte de alto. Es una
cabeza. Es muy parecido a mi padre: al hacer el retrato lo
estaba recordando. Es como si fuera hermano. Es una cara
india, tremenda, de una solidez de cráneo y una mirada de una
tristeza enorme. Creo que es uno de los más bellos retratos
que he hecho en mi vida, pintado en unas dos horas. Bueno,
antes y después del retrato yo he cantado un poquito. Toco la
guitarra, canciones muy antiguas.

Ecuatorianas...

Ecuatorianas, de 100, 200 años. Recuerdos que tengo. Mi madre
me enseñaba a tocar la guitarra y estas canciones muy
antiguas. Además, no canto sino después de que me he tomado
unos traguitos.

¿Y el encuentro con Neruda?

A Neruda lo conocí después de un largo viaje que hice invitado
por el departamento de estado de Estados Unidos. Era 1943,
época de la guerra. La persona que me invitó era Nelson
Rockefeller, quien compró unos cuadros míos en Quito. Después
recibí un cheque muy alto, inesperadamente inmenso, y la
invitación a viajar. Sin embargo, de este dinero yo ahorré
para quedarme en México unos tres o cuatro meses, donde conocí
a Orozco, quien me enseñó a pintar al fresco, y ahí, el cónsul
de Chile en la Ciudad de México era Neruda. Nos hicimos buenos
amigos. Le hice un retrato muy bello.

México es una cantera plástica. ¿Qué significó para vos?

Orozco es uno de los grandes pintores de este siglo, tan
grande como Picasso. El hombre de fuego es una de las obras
más importantes que se han pintado. Ahora, los otros pintores
no me interesan mayormente. Rivera por su técnica del fresco.
No lo conocí mucho, unas tres, cuatro palabras en los meses
que estuve en México.

Siqueiros no me atrae, demasiado politizado en su pintura.
Orozco es extraordinario.

¿Y la creación anónima, a veces inocente, que tiene tanta
presencia en esta casa?

Tengo una buena colección de pintura primitiva de Haití, de
Nicaragua. Los pintores "naòfs" son como ángeles que circulan
encima de uno sin jamás tocar tierra. Son de una belleza, una
pureza, una sensibilidad exquisita, pero en realidad no pegan
sus pies en la tierra, son ángeles que están volando alrededor
de uno.

Cuando entrevisto escritores sobre música titulo la serie 'El
oído de la pluma'. Contigo sería 'El oído del pincel'.

La música. Hay grandes músicos, como el brasileño Villa-Lobos,
o Ginastera en Argentina, que son formidables. Estoy muy
preocupado por la música de este continente. Indudablemente,
lo más importante que ha surgido en este siglo no es
precisamente la música clásica, es la canción de protesta en
el cono sur. En donde hay un problema social, allí hay una
canción de Yupanqui, o de Quilapayún, diciendo cosas.

Estoy pensando en alguien excepcional, ese ser múltiple que
fue Violeta Parra.

Sí. He sido muy amigo, tengo algunos discos dedicados por
ella. En Chile la he conocido, la he escuchado cantar, la he
visto bailar, la he sentido terriblemente triste antes de su
suicidio. Este continente es sensacional, la plástica, el
gran arquitecto Niemeyer, los grandes escritores como Neruda,
García Márquez o Eduardo Galeano, hay cientos de estos grandes
creadores. Bueno, y de los pintores, Orozco, Rivera,
Siqueiros, Mata, Soto. Bueno, América Latina está, a pesar de
las tragedias monstruosas que ha vivido.

(*) Poeta y cantor uruguayo, fue uno de los artistas más
perseguidos por la dictadura militar uruguaya en los años 70.
Ha publicado una veintena de discos y seis libros.(DIARIO HOY)
(P.5-C)

Hora GMT: // - 19:00 Ciudad Quito







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