Frontera: 'chicos reciben droga por pasar bultos a Colombia'

Publicado el 20/Febrero/2012 | 00:12

Entrevista


Ralf Oetzel

Quién es: Coordinador del Proyecto de Fomento de Seguridad Integral en la Frontera norte (FOSíN)


El grupo Cooperación Alemana al Desarrollo GIZ Ecuador puso en marcha el proyecto Fosín de fomento de seguridad en la frontera norte desde agosto de 2010.

Ralf Oetzel, coordinador del proyecto, explicó a HOY un poco de la situación en la zona y los avances del proyecto que terminará en julio próximo.

 ¿Cómo surgió el proyecto Fosín?

Fosín es un proyecto que ha sido solicitado por el Gobierno ecuatoriano, a través del Ministerio de Coordinación de la Seguridad. El financiamiento viene de la Unión Europea (UE) y está ejecutado por la Cooperación Alemana GIZ, en el marco de la política de Plan Ecuador.

¿Cuál es el costo del proyecto?

El monto total es de 3 millones de euros ($3,95 millones).

¿Cuántas personas se beneficiarán?

Nuestros beneficiarios directos son los habitantes de los 16 cantones de la frontera norte, que se ubican en una zona aproximada de 40 km. Entre directos e indirectos, están alrededor de 450 mil, que son, según el art. 249 de la Constitución, la población que debería tener una atención especial.

¿Cuáles son los objetivos del proyecto?

Entre los objetivos está el cómo fortalecemos las iniciativas de seguridad ciudadana en la frontera; en eso principalmente está la prevención de la inseguridad. Queremos también cambiar la imagen de la frontera norte para proyectar a esa zona como una con potencial. Potencial de desarrollo también y no únicamente una zona donde hayan conflictos o inseguridad.

¿Cómo se cambia el imaginario de las personas cuando hay temas, como la inseguridad, que siguen afectando en la frontera?

Siento que la situación de inseguridad de la frontera es diferente de la que nosotros pensamos. Para poner un ejemplo, en las calles de Lago Agrio, me siento más tranquilo que en las calles de Quito.

El tema de la violencia tiene otras características. En primer lugar, está muy vinculado con las rutas de la economía ilegal. Por ejemplo, los asesinatos pasan menos en la ciudad y más en áreas rurales, pero uno piensa Lago Agrio es difícil, complicado, pero no es tan simple. Diferente es el caso de San Lorenzo, que es más complicada como ciudad; y Carchi tiene menores índices que el promedio nacional en los temas de inseguridad.

Eso quiere decir que la gente que vive allí tiene una relación distinta de la inseguridad de lo que nosotros pensamos. ¿Hay temas relacionados con la inseguridad? Sí, pero no como nosotros pensamos.

¿Qué acciones específicas han ejecutado para cambiar la imagen negativa de la zona?

Básicamente, hemos hecho dos cosas. Hemos hablado con jóvenes en escuelas y colegios para construir códigos de convivencia pacífica y se hizo un curso de fotografía, en cual los mismos chicos hicieron fotos y realizaron exposiciones de fotografías sobre la frontera norte, en las que presentaron cómo ellos ven la realidad de la frontera y compartieron eso con el resto del país.

Lo segundo, hicimos una teleserie que se basa en un enfoque de docuficción. Es decir, con investigaciones que se han hecho sobre algunos temas en la frontera norte, se cuenta una historia ficticia mezclada con situaciones que han sido investigadas, documentadas.

¿Cuáles son los principales problemas de la zona?

Principalmente, hay dos vertientes en la frontera norte. Una son las secuelas del conflicto colombiano y todo lo que conlleva eso tanto a nivel de crimen organizado, al tema de movilidad de personas, no únicamente refugiados sino también colombianos que viven en el país en forma irregular.

La otra vertiente es la debilidad y el olvido estoico del Estado en la frontera norte. La presencia de la institucionalidad del Estado en la frontera norte, históricamente, ha sido débil; se ha cambiado algo en los últimos años, pero sigue siendo débil. Por ejemplo, el tema de la Justicia. El sistema de Justicia en la frontera norte es bastante débil a pesar del aumento de la presencia de las Fuerzas Armadas. El sistema de seguridad como tal, no me refiero únicamente a las Fuerzas Armadas, sino de fuerzas civiles, de la Policía, sigue siendo bastante débil.

¿A qué se debe el debilitamiento?

Es algo estoico. No es algo tan fácil construir institucionalidad en regiones donde, estoicamente, el Estado ha sido en gran parte ausente. El Estado debe evitar que grupos al margen de la Ley tomen control del territorio nacional y para eso, se necesita una relación de alianza y de confianza con la población que vive en la frontera.

¿El Gobierno ha conseguido esa alianza?

En parte. Veo un poco de problema en el tema de los militares y su relación con la población.

¿Qué problema?

(Sonríe). Creo que falta hablar más con la población. Estuvimos, por ejemplo, en la comunidad de Pueblo Nuevo en una reunión con los líderes comunitarios y a 2 kilómetros había un destacamento militar y preguntamos: "¿Han conversado con ellos?". "No nos hablan", contestaron. Eso es parte del problema.

¿Eso ha ido cambiando?

Lo que encontramos es, por un lado, que persisten enfoques tradicionales, que ven a la población como enemigos. Por otro lado, en el mismo Ministerio del Interior o en las Fuerzas Armadas, hay otros sectores que dicen: "Tenemos que cambiar eso". Nosotros hemos encontrado buena respuesta en las instituciones con estos nuevos enfoques, sobre todo de la Gobernación de Sucumbíos.

Aparte de los grupos subversivos, ¿qué otra problemática hay en la frontera?

Hay toda una red de tráfico de drogas, de armas, de todo lo que necesitan las fuerzas irregulares de Colombia. Hay también una red de trata de personas, sobretodo para la explotación sexual.

¿Han detectado quienes operan las redes?

Es difícil decir por quién están manejadas. Normalmente, las mismas redes del narcotráfico lo son de armas y de personas.

¿Hay violencia intrafamiliar?

Dentro del diagnóstico que hemos hecho en 16 cantones, prácticamente en todos los cantones de Sucumbíos, de Carchi y los tres cantones en el norte de Esmeraldas (San Lorenzo, Río Verde y Eloy Alfaro), encontramos también que hay violencia intrafamiliar. Por ejemplo, en algunos encuentros con jóvenes, ellos nos han contado que no quieren vivir como sus papás porque dicen, en primer lugar: "Mi papá me golpea". Segundo, "Gana $200 al mes". Las oportunidades de conseguir un trabajo un poco más decente no son tan grandes. Por eso, muchos se han dedicado a actividades de la economía ilegal.

¿Como cuáles?

Llevan bultos al otro lado de la frontera y muchas veces los jóvenes no saben de qué se trata. Solamente lo hacen y ganan, pero lo más problemático es que últimamente pagan a estos jóvenes con drogas en vez de dinero. Es decir, convierten a los chicos en drogadictos y, por otro lado, en pequeños traficantes, y eso es preocupante.

¿A qué edad empiezan los jóvenes en esto?

Habría que hacer un trabajo más integral, binacional.

No se puede trabajar este tema solo de un lado de la frontera, hay que ver a la frontera como la zona de integración fronteriza. En segundo lugar, hay que poner atención en los adolescentes y definir algo como una agenda sobre qué quieren, que ellos se involucren. Hay que aumentar la confianza de los adolescentes en la institucionalidad del Estado, sobre todo en la seguridad y justicia.

Pero, ¿tienen un rango estimado de edad en las que ellos inician en estas actividades ilícitas?

No hay un rango específico porque no es que se meten y están por completo. Hay algunos, por ejemplo, que participan en cosas insignificantes y punto.

Retomando el tema de la teleserie, ¿cuándo saldrá al aire?

El próximo mes. El 29 de febrero será el lanzamiento público en la Casa de la Cultura.

Cuénteme un poco de la teleserie.

La teleserie se llama Frontera Norte y tiene seis capítulos. Cuenta, entre otras cosas, lo que pasa en la frontera, que no son solo los conflictos. Por ejemplo, se podrá ver como en San Lorenzo unos chicos construyeron una casa con botellas recicladas. Lo que se rescata es el valor de la gente.

Tampoco estamos haciendo propaganda turística, el tema ahí son las personas, que se vea que quienes viven en la frontera no quieren huir de ella. En Lago Agrio, por ejemplo, contó el alcalde que es la tercera ciudad de crecimiento poblacional en el país.

Haciendo un símil: las telenovelas colombianas del narcotráfico han tenido gran aceptación a escala internacional pero también han reforzado la concepción de que Colombia son solo los carteles del narcotráfico; ¿cómo lograran que la teleserie no exporte una imagen negativa de la frontera?

En primer lugar, las telenovelas tienen otro esquema en el que está el bueno y malo y punto, pero esto es atractivo para mucha gente; en cierta forma, se retoma eso, pero no se queda en lo bueno y lo malo porque de repente, uno de los malos se convierte en bueno.

Aquí siguen habiendo algunos temas tabús; por ejemplo, el tema de la trata, hablarlo aquí es complicado, porque es un negocio grande, hay involucramiento de varios actores, también de funcionarios públicos o de empresarios y eso todo el mundo lo sabe, pero es muy difícil de comprobar y llevar una denuncia legal porque son negocios subterráneos que son muy difíciles de comprobar, aunque hayan indicios.

¿El Gobierno está haciendo algo al respecto?

El mismo Estado tiene dificultados de implementar un plan antitrata. Tienen, pero este tema pasa de la competencia del Ministerio del Interior, al Ministerio de Justicia, o sea está un poco con dificultades de definir acciones concentradas del Estado en este tema, cuesta.

En cierta forma, la teleserie busca hacer visible la problemática y la urgencia de actuar. Muestra también a personas que están trabajando en eso, que hay esfuerzos como la Red Fronteriza de la Paz. No es tampoco que no haya interés o esfuerzos en ese sentido.



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