l En Cuenca, Gutiérrez recibió lo suyo. No fue recibido precisamente con los brazos abiertos. Y es que no había hecho méritos para ello. Ir a un sitio con semejante acompañamiento -secretarias, asesores, ministros, guardaespaldas, colchas antibalas, etc.-, para comprometerse a todo y luego no cumplir nada..., no es un antecedente auspicioso. La gente se molesta y en la próxima oportunidad se lo saca en cara. Le reclamaron en Cuenca a Gutiérrez. Le señalaron plazos. Le pusieron un ultimátum.
l ...Y lo peor de todo es que Gutiérrez no aprende la lección. Sigue flotando en una nube rosada. Cree -le hacen creer- que no son sino unas pocas malas voluntades. El resto del país -continúa la farsa, la asesoría equivocada- lo acompaña fervorosamente. El 60% de los ecuatorianos no quiere cambios, quiere que la situación se mantenga. ¡Habrase visto!
l El buen gobernante debe comenzar por abrir los ojos. Sus pupilas deben dilatarse ante cada acontecimiento sin que se le escape un solo detalle. Y debe escuchar con sus propios oídos, no con los oídos interesados de sus asistentes. Un buen gobernante -¡cuando se trata de un buen gobernante, no de un aprendiz de politiquero!- pisa bien en la tierra, más allá de que se imagine que posee alas que le permitirán flotar, grácilmente, en el aire. El buen gobernante mide cada uno de sus pasos, los afirma en el difícil sendero que le toca recorrer.
l Parecería que no terminarán las sorpresas criollas. Día a día, ciertas noticias nos dejan de una sola pieza. Hoy es el incremento del sueldo del presidente de la República, mañana un préstamo gracioso del Banco del Estado para la hermanita del presidente de la República, pasado mañana...cualquier barbaridad, sin que nuestra capacidad de susto se agote. Y así vamos, de novedad en novedad, allanándonos a la sinvergüencería, resignándonos a que la "estabilidad política" se convierta en una suerte de principio que hay que salvar a cualquier precio. ¿La "estabilidad" por la "estabilidad", aunque la acción pública no sea sino una suma de picardías, complicidades, ineficacias, etc.?
l Decía que, cotidianamente, ciertas noticias nos dejan de una sola pieza. Ahora nos enteramos de que existe un decreto firmado por Lucio Gutiérrez y Patricio Zuquilanda, mediante el cual se le concede la Gran Cruz de la Orden Nacional al Mérito a la Dra Mariana Yépez, ministra fiscal general del Estado. Y resulta que uno y otro, el coronel y el diplomático, niegan haber conocido del asunto, echándole la culpa del comedimiento a la dirección de protocolo de la Cancillería. ¡Habráase visto!
l ¿Cómo es posible que no se acepte la responsabilidad de una decisión oficial tan comprometedora? ¿Y las firmas que constan en el documento? ¿De quién nació la idea de gratificar los méritos fiscales de la Dra Yépez? Esto de echarse la pelotita al más alto nivel resulta bochornoso. Y el coronel y el diplomático prosiguen en sus funciones como si nada. El país, entre tanto, se allana, se resigna, porque la "estabilidad política" se halla en juego. La Dra Mariana Yépez -no me refiero en modo alguno a su dignidad esencial, a su integridad como mujer, incluso a su preparación académica, a su experiencia de magistrada- no merece tal condecoración. Su papel en la Fiscalía General del Estado ha sido cuestionado.
Ciudad QUITO

