Descalificado por políticos que no se conforman con nada que no sea de su conveniencia; abrumado por las encuestas que daban cuenta de que la gente no estaba interesada en el sistema de concertación, y apabullado por los comentarios de los formadores de opinión, que echaban sombras sobre la legitimidad de "apenas 6 000 propuestas que no representan al país", al presidente Alfredo Palacio no se le ocurrió otra cosa que intentar ganarle la iniciativa política al Congreso, para sacar adelante su consulta popular.
Así lo hizo el jueves pasado cuando convocó al Congreso a un período extraordinario de sesiones, para que, junto a los vetos para la devolución de los fondos de reserva del IESS y la Ley del Deporte, los diputados calificasen siete temas de una consulta popular, que, incluso, pretendía fuese antes del 11 de diciembre, fecha preanunciada por la Vicepresidencia y el Conam, que llevan adelante el proceso de concertación del propio Gobierno.
¡Parecía una jugada maestra!
Quitarles la iniciativa política a unos diputados lentos y calculadores, que no actúan si es que no se aseguran réditos políticos-electorales; reanimar un proceso que no había logrado emocionar a la gente, a la vez que dar respuestas a los medios, se percibía como un acierto político; en realidad, sonaba a triunfo.
¡Pero no!
Una vez más se puso en evidencia la equivocación que significa querer gobernar bajo la influencia mediática, puesto que la soberanía no está en los medios ni en las encuestas, sino en la gente. O pretender contentar a todos, convirtiéndose en mercader de ofertas, sin garantizarse los resultados, cuando el reto debe ser elevarse como estadista, aún a costa de sacrificar la imagen.
Para un gobernante de apenas meses de duración como el presidente Alfredo Palacio, su mayor acierto tendría que ser sentar las bases para que la institucionalidad ecuatoriana, pulverizada por el dictócrata, se reconstituya. ¡Nada más!
Pero la semana pasada, Palacio no apuntó a aquello, sino que prefirió jugar a la política, con las mismas armas de siempre, poniendo zancadillas y a espaldas de la gente.
Triste papel para quien quiso convertirse en el refundador del Ecuador.
Y es que resulta insólito que el jefe de Estado, sin haber consensuado con los diputados, se haya arriesgado a semejante aventura, y que, tras el fracaso, ahora el protagonismo de los cambios lo tenga el Congreso, cuando el país sabe que allí se sepultará cualquier iniciativa.
Pero hay algo más delicado. ¿Cómo quedan las relaciones con el vicepresidente Alejandro Serrano Aguilar y los directivos del Conam, a quienes Palacio descolgó, justo cuando se había concluido la recepción de propuestas y se sistematizaban los planteamientos de los ciudadanos para que consten en la consulta popular?
Confiemos en que el vicepresidente y su equipo sabrán digerir el trago amargo, para proseguir en su tarea que rebasa lo particular.
Por allí se dice que, en política, no hay experiencia en cabeza ajena, y el presidente Palacio lo acaba de probar, pero con un feo tropezón.
Así lo hizo el jueves pasado cuando convocó al Congreso a un período extraordinario de sesiones, para que, junto a los vetos para la devolución de los fondos de reserva del IESS y la Ley del Deporte, los diputados calificasen siete temas de una consulta popular, que, incluso, pretendía fuese antes del 11 de diciembre, fecha preanunciada por la Vicepresidencia y el Conam, que llevan adelante el proceso de concertación del propio Gobierno.
¡Parecía una jugada maestra!
Quitarles la iniciativa política a unos diputados lentos y calculadores, que no actúan si es que no se aseguran réditos políticos-electorales; reanimar un proceso que no había logrado emocionar a la gente, a la vez que dar respuestas a los medios, se percibía como un acierto político; en realidad, sonaba a triunfo.
¡Pero no!
Una vez más se puso en evidencia la equivocación que significa querer gobernar bajo la influencia mediática, puesto que la soberanía no está en los medios ni en las encuestas, sino en la gente. O pretender contentar a todos, convirtiéndose en mercader de ofertas, sin garantizarse los resultados, cuando el reto debe ser elevarse como estadista, aún a costa de sacrificar la imagen.
Para un gobernante de apenas meses de duración como el presidente Alfredo Palacio, su mayor acierto tendría que ser sentar las bases para que la institucionalidad ecuatoriana, pulverizada por el dictócrata, se reconstituya. ¡Nada más!
Pero la semana pasada, Palacio no apuntó a aquello, sino que prefirió jugar a la política, con las mismas armas de siempre, poniendo zancadillas y a espaldas de la gente.
Triste papel para quien quiso convertirse en el refundador del Ecuador.
Y es que resulta insólito que el jefe de Estado, sin haber consensuado con los diputados, se haya arriesgado a semejante aventura, y que, tras el fracaso, ahora el protagonismo de los cambios lo tenga el Congreso, cuando el país sabe que allí se sepultará cualquier iniciativa.
Pero hay algo más delicado. ¿Cómo quedan las relaciones con el vicepresidente Alejandro Serrano Aguilar y los directivos del Conam, a quienes Palacio descolgó, justo cuando se había concluido la recepción de propuestas y se sistematizaban los planteamientos de los ciudadanos para que consten en la consulta popular?
Confiemos en que el vicepresidente y su equipo sabrán digerir el trago amargo, para proseguir en su tarea que rebasa lo particular.
Por allí se dice que, en política, no hay experiencia en cabeza ajena, y el presidente Palacio lo acaba de probar, pero con un feo tropezón.
Hora GMT: 28/Julio/2005 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad QUITO Autor: Por Thalía Flores Y Flores Fuente: Diario HOY Ciudad QUITO Autor: Por Thalía Flores Y Flores

