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ESPERANDO EN SARAJEVO

Publicado el 05/Septiembre/1993 | 00:00


Quito. 05.09.93. Esta vez, la obra que se va a representar no
necesita de escenografía, no necesita de actores capaces de
conmovernos.

Esta vez la farsa está tan próxima de la realidad, que el solo
representarla, conmueve.

Ningún lugar podía ser, en esta ocasión, más apropiado para
montar la obra cumbre de la dramática del absurdo que la
absurda realidad: Sarajevo.

Así lo pensó Susan Sontag cuando decidió montar en Sarajevo,
el "Esperando a Godot" de Samuel Becket.

Estragón y Vladimir, aquellos dos personajes esperpénticos y
contemporáneos al mismo tiempo, estrafalarios y modernos,
marginales y premonitorios, acaban de reconstruir en el
escenario de la última y más absurda de las guerras civiles de
este siglo, el absurdo texto de Samuel Beckett.

¿Nos vamos? le dirá Vladimir a Estragón cansado de esperar la
venida de alguien que nadie sabe quién es, qué es, cómo es y
que se denomina "Godot".

"Si, nos vamos" le responderá Estragón a Vladimir y el apunte
del dramaturgo rezará: "y no se movieron". ¿Hay algo más
próximo que ese parlamento y esa inmovilidad a todo lo que
ocurre en la ex-Yugoeslavia?

Pero junto al montaje de Susan Sontag, el novelista
irreverente Juan Goytisolo escribe en la misma Sarajevo el
diario de un escritor que se siente avergonzado de sus
contemporáneos.

Dos gestos, de Susan Sontag y Juan Goytisolo, que recuerdan
los gestos de decenas de escritores, pintores, cineastas,
intelectuales, que en los años 30 se sumaron a las brigadas
internacionales que combatían en la guerra civil española en
un gesto extremo de solidaridad.

Unicamente que entonces eran tiempos de esperanza y los
artistas fueron a combatir. Hoy, son tiempos de desesperanza y
los artistas van a Sarajevo a testimoniar, desgarrados, el
modo como los hombres desmontan sus ciudades y sus vidas en un
ensayo general, según palabras de Susan Sontag, de lo que será
el siglo XXI.

Instante patético

El escenario en Sarajevo es un teatro más bien pequeño que
presenta todas las huellas del bombardeo servio.

Alli, desde hace dos semanas y cuando los momentos de calma lo
permiten, se representa el drama que Samuel Beckett escribiera
en los años sesenta y que se convirtió en el clásico del
teatro revolucionario de este siglo: Esperando a Godot.

Allí, en Sarajevo - en donde mejor- los dos personajes de la
obra esperan inútilmente la llegada de Godot que los salve.
Son actores de la ex-Yugoeslavia bajo la dirección de la
norteamericana Susan Sontag. La luz de las velas ilumina el
escenario. Caben unas pocas docenas de espectadores.

El instante es patético, conmovedor... "Opté por representar
una pieza teatral en lugar de escribir un ensayo o realizar
una película porque el teatro me brindaba la oportunidad de
hacer algo con la gente de aquí y para la gente de aquí. Estoy
orgullosa de la labor de los actores y de los técnicos de
Sarajevo" ha declarado esta intelectual radical que en más de
una ocasión ha sorprendido por sus decididas tomas de posición
frente a muy diversos asuntos.

"Creía y creo que mi deber moral pasaba por apoyar la causa de
Sarajevo en Sarajevo" agrega esta mujer que, con los actores
locales ha enfrentado el constante peligro de los bombardeos
durante los ensayos, sin más auxilio que la luz de una velas.

"Difícilmente podría encontrarse una obra con mayor resonancia
- declara el enviado especial de El País en Sarajevo- ... Y no
solo por su carga simbólica, sino porque se trata de una obra
de cámara. Imposible hacer un Shakespeare en un escenario
diminuto, con luz de velas y en un teatro que puede ser
bombardeado en el próximo minuto.

De hecho situó al público en el escenario, porque es más
seguro que el patio de butacas. El teatro tiene algunos
impactos en el techo, y el otro día cuando me encontraba allí,
cayó un proyectil de mortero junto al edificio y las paredes
vibraron". (1C)

Ciudad N/D



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