Quito. 6 nov 98. (Editorial) En la antología del disparate
merece constar, con honores, la afirmación de algunos
diputados según la cual ellos fueron engañados cuando
aprobaron -la noche crucial del 16 de octubre- la propuesta de
que los cuatro países garantes del proceso de paz fijen la
frontera ecuatoriano peruana, en un arbitraje de fallo
inapelable. ¡Santo Dios! ¿Puede alguien decir una tontería tan
inmensa y solemne sin sentir para siempre una vergüenza
completa y agobiante?
Y si esa estupidez colosal sorprendería e indignaría en
cualquier circunstancia, en la actual situación del Ecuador
resulta definitivamente intolerable. Y es que pocas veces este
país ha demostrado tanta lucidez y vigor como los que está
demostrando ahora, cuando emprendió un proceso vertiginoso y
deslumbrante de cambio hacia el progreso y la modernidad, a un
ritmo muy superior al que siempre le imponen sus élites,
habitualmente tan ciegas y torpes.
Sí: el Ecuador está cambiando con velocidades de vértigo. Y lo
está haciendo no solo sin el impulso de sus élites (empezando,
claro, por sus élites políticas), sino que está cambiando a
pesar de sus élites. Fue eso, ni más ni menos, lo que ocurrió
con el acuerdo de paz con el Perú: la sociedad empujó ese
proceso con valor y talento, mientras muchos políticos se
empeñaron en detenerlo, complicarlo, enredarlo y, si hubieran
podido, hundirlo para siempre. Fue tan evidente su afán de
obstruir que llegaron a decir esa idiotez gigantesca sobre el
supuesto engaño que habían sufrido. Pobrecitos, capullitos.
Por cierto, la paz con el Perú fue nada más que el primer
paso. Ahora falta todo lo demás, que es muchísimo. Y lo
primero es la reforma de la economía, para cambiar esta
estructura tan pesada y costosa, con abrumador predominio
estatal, que ha fracasado sin remedio, por una nueva
estructura, ágil y eficiente, basada en la iniciativa de la
gente y de sus empresas. ¿Lo permitirán los políticos o, en
vez de los cambios necesarios, le darán al Ecuador un torrente
insoportable de discursos inflamados y enardecidos, llenos de
frases pomposas pero vacías?
En todo caso, antes de que los políticos empezaran siquiera a
pensar en el tema, la gente ya empezó a cambiar la economía:
tres bancos se fusionaron, los empresarios del sector
turístico prepararon paquetes de viajes con sus pares
peruanos, los comerciantes de la frontera armaron sus
negocios, los exportadores dieron varias vueltas al mundo
haciendo clientes, los estudiantes buscaron universidades
extranjeras para especializarse y, en general, el Ecuador
entró en un ritmo arrollador de modernización y avance.
Así, de pronto, este país ya no parece estar tan desarmado
para entrar al próximo siglo. El atraso y las pobrezas parecen
ser algo superable. Hoy, acaso como nunca, se está viendo que
la sociedad está muy por encima y muy por delante de sus
dirigentes, sobre todo de sus dirigentes políticos que siguen
siendo primitivos y barriobajeros. Hay, desde luego,
brillantes excepciones. Pero es la sociedad la que está
abriendo los caminos por los cuales están transitando,
atrasados y sudorosos, la mayor parte de sus dirigentes, que
no solo le perdieron la pista al país, sino que no logran
entender a su gente. (DIARIO HOY) (P. 4-A)
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