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Entre lo light y lo trascendente

Publicado el 07/Marzo/2004 | 00:00

Ahora que los robots de la NASA nos están informando de la textura de Marte y de la posible existencia de agua en su pasado, con la probabilidad de que hubiera habido vida micro orgánica por allí, debemos fijarnos mucho más en los tesoros de vida que contiene nuestro planeta Tierra y en su cuidado.
Aquí tenemos micro y macro biótica para dar y tomar y nuestra biodiversidad le da al planeta el aspecto de un jardín que contrasta con ese erial marciano, que parece el jardín de la cólera de Dios como diría el Corán. Y, sin embargo, por estas latitudes humanas abunda el desprecio de la vida. Ahí están las víctimas de la violencia urbana y de las guerras, pero tampoco hay que olvidar a las víctimas de la ingeniería genética, de la eutanasia y de la eugenesia.
Nuestra cultura posmoderna se adentra misteriosamente en la muerte, sobre todo por su indiferencia frente a lo trascendente. Me refiero a lo religioso y lo espiritual tan relegado por el pensamiento light de la actualidad. Admiramos y escudriñamos la creación y nos olvidamos del Creador. Nuestros referentes principales son el dinero y el bienestar y distraemos nuestra sed espiritual consultando agoreros sobre auras, karmas y nirvanas que no pueden salvar, mientras que dejamos a un lado el cultivo de la propia conciencia, y la búsqueda de aquella santidad que nos reveló Jesucristo y que pasa siempre por un amor sacrificial que desemboca en un cielo de verdad.
Todo lo que perdió Marte en biodiversidad por salirse un pelín de su campo magnético lo perderemos también nosotros si nos seguimos alejando del magnetismo con que la Divinidad arropó a los seres humanos desde el principio. Ese sentido de lo trascendente que hacía estremecerse a nuestros antepasados por el santo temor de Dios, ponía en su sitio automáticamente a los grandes y a los pequeños y conseguía la armonía ética de un mundo que, al emanciparse de Dios, perdió también su sentido moral, entrando precipitadamente en el caos actual de la corrupción.
Esto se podría corregir volviendo, con un poco de sentido común, a la verdadera religión. Es decir, a aquella que adora a Dios en espíritu y en verdad, como nos enseñó Jesucristo. Ese despiste de nuestra época, que consiste en ignorar a Dios y, al mismo tiempo, fabricar tantos falsos dioses como el dios-dinero, o el dios-placer, en cuyos altares se sacrifican tantos inocentes a muy temprana edad, debe corregirse desde los primeros años. En el hogar, enseñando a los niños que hay un ser trascendente que se llama Dios. En la escuela, articulando en clases de religión, toda la coherencia racional de su existencia y de su revelación, que implican la rectitud moral como camino de salvación. Y, en la sociedad, dándole a la Iglesia el espacio de libertad necesaria para anunciar la Buena Nueva de Jesús.
Así nos iría mucho mejor. Porque esta cultura light nos está debilitando demasiado y acabaremos siendo carne de cañón de un misterio del mal que se fortalece más cuanto más desprevenido encuentra al ciudadano. Qué raro que, algunas veces, los seres humanos tengamos más miedo de lo que nos protege que de lo que nos amenaza. La religión bien entendida lleva a la persona hasta su máximo esplendor. Con razón escribía Lope de Vega que nunca es más grande un hombre que cuando está de rodillas.
Qué bien se sitúa el salmista dentro de este campo: “Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado... ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y majestad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajos sus pies...”.

CIFRAS

Mas del 70% de personas no usan la internet

El 74% de los encuestados por Informe Confidencial consideran que la Internet no es peligrosa para la gente que la usa, pero un 72% no utiliza esta herramienta tecnológica.
Pese a que el 83% de los consultados dicen que la red es beneficiosa, apenas el 24% tiene correo electrónico.
Estos resultados reflejan que más del 70% de la población no tiene acceso, o a su vez no sabe aprovechar los servicios que ofrece la Internet en varios aspectos de la vida social, económica y familiar de los ecuatorianos.
Se podría decir que el 76% de los encuestados que no tienen correo electrónico forman parte del grupo de las personas que no se benefician de las herramientas tecnológicas en comunicación.

Ciudad Quito



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