Quito. 05.06.94. Le habrán preguntado muchas veces por qué no
sale de la cama.
¿Cuál fue, en una ocasión su respuesta?
"¿Para qué voy a salir? ¿Qué tengo que ver? ¿Querés decirme qué
hay afuera?... Miseria, muertos de hambre, bombas sobre campos de
refugiados. Si con el dinero alcanza.... Me acostumbré a Madrid
por indiferencia... Es que Montevideo ya no puede ser mi
Montevideo. No me seduce eso de la barra del boliche que atrae a
mucha gente, amigos míos uruguayos que han estado acá, que añoran
aquellos amigos del café, aquellas callecitas del barrio. Es toda
una antología del tango. Bueno, eso yo lo siento en algún momento
con ternura. Pero más bien lo que me produce nostalgia son las
personas, no las calles... Yo no tengo ni experiencia ni
documentación de cómo han cambiado, no sólo los uruguayos, sino
el ambiente uruguayo. Entonces me doy cuenta que esto que estoy
escribiendo está situado en un Montevideo o en un Buenos Aires de
la presalvación. Sigue ahí, y el tiempo no pasó."
- Usted no solo no sale de casa sino que pasa buena parte del
tiempo en la cama -insistía la periodista-. ¿Fue producto de una
decisión o algo que empezó a ocurrir?
- ¿Cómo va a ser producto de una decisión? Me fui quedando.
Estaba cómodo.
- En parte suena razonable -agregó ella-. Pensándolo bien, en la
cama se puede hacer casi todo: leer, escribir, comer...
- Y mirá qué cosa, querida -respondió Onetti, molesto-, a veces
también es un buen lugar para hacer el amor. Fijáte de lo que te
fuiste a olvidar. (Revista Blanco y Negro 7)
Ciudad N/D

