HoyComEc

El sabio, el político y usted

Publicado el 17/Marzo/2002 | 00:00

Extraño individuo el presidente Gustavo Noboa: cuando pudo haber intentado prolongar su mandato, para quedarse uno o dos años más bien instalado en el poder, fue él quien se dedicó a enfriar las afiebradas cabecitas de quienes querían aplazar las elecciones. En vez de la jugada política hábil y sutil, totalmente silenciosa, para convencer a los diputados de que todos saldrían ganando con la maniobra, Noboa anunció que, si una prórroga era aprobada por el congreso, él le pondría un veto rotundo e inmediato. La idea zozobró, entonces, para siempre y hasta el fondo.
Fue, evidentemente, un comportamiento político atípico y singular, en un país donde los políticos, todos ellos, se aferran con uñas y dientes al poder, cuando lo tienen, y se pasan la vida tratando de recuperarlo, cuando lo han perdido. ¿Noboa sabía por adelantado que la prórroga era un proyecto sin futuro, y por eso lo dejó caer, o en realidad le pareció una maniobra poco ética y nada democrática, y por eso la descartó de plano? Solo él lo
sabe. Pero el hecho cierto es que fue el presidente quien le puso la lápida a una iniciativa que a nadie hubiera beneficiado tanto como a él.
Queda, sin embargo, una lección importante y duradera: el Ecuador, harto de sufrir tanto vaivén y tanto sobresalto, está empezando a valorar las ventajas de la estabilidad. Y es que en agosto de 1996, cuando Abdalá Bucaram asumió la presidencia, este país se metió en un torbellino político que precipitó el derrumbe de la economía y agudizó la dispersión social. El
Ecuador salió de ese torbellino, bastante maltrecho, en enero de 2000, después de la presidencia decepcionante de Jamil Mahuad y del interinazgo sin sentido de Fabián Alarcón.
En los veintiséis meses transcurridos desde entonces, el Ecuador ha disfrutado de un ambiente de tranquilidad y sosiego, con interrupciones cortas e intrascendentes, lo que permitió a la economía empezar una convalecencia que ha sido lenta y sufrida, es cierto, pero también evidente y oportunísima. La estabilidad ha dado frutos. Fue por eso que surgió y se
propagó la idea de prorrogar el mandato de Noboa, como una salida de emergencia para evitar que la campaña electoral, con el consiguiente retorno al primer plano de la política y los políticos, interrumpiera este período de serenidad y progreso.
Platón relataba, hace veinticinco siglos, la historia del enfermo que en la calle se encontró un buen día con un médico estudioso y severo, a quien le contó sus padecimientos. El sabio le anunció entonces que, para curarse, tendría que someterse a un tratamiento largo, riguroso, doloroso e inevitablemente costoso. El enfermo siguió su camino. Poco más adelante, se
encontró con un político demagogo y locuaz, muy ingenioso, que después de oírle sus dolencias le dijo que él podría curarle en poco tiempo, sin sacrificios, gastos ni rigores. El enfermo se puso en sus manos.
¿Qué hará el Ecuador en las elecciones de octubre? ¿Apreciará las ventajas de la estabilidad de la que ha disfrutado los veintiséis meses recientes y, por lo tanto, buscará una conducción sobria y serena, que ahuyente los fantasmas del caos, o se lanzará por el camino de la aventura y las emociones fuertes, donde no quede tiempo para aburrirse ni espacio para la monotonía? ¿Elegirá al sabio o al demagogo? Ya veremos. Es usted, estimado lector y obligado votante, quien tiene la palabra. Al fin y al cabo, usted es el mandante y los políticos que usted elige son solo sus mandatarios.
Nada más. Usted decide. Y algo para terminar: el enfermo del relato de Platón murió pocas semanas después...

Ciudad Quito



Actualizado por

1

- en Diario HOY - Noticias de Ecuador.