El papel de barras bravas

Publicado el 07/Mayo/2012 | 00:53

Diego Araujo Sánchez

daraujo@hoy.com.ec



Meses atrás, en una concurrida conferencia en la Flacso, el periodista argentino Martín Caparrós aseveró que los llamados medios públicos en América Latina suelen ser parte del botín político de los Gobiernos. Para Caparrós, tales medios cumplen dos funciones en relación con los Gobiernos que los manejan: la primera es mantener la cohesión de sus partidarios. Se dirigen, pues, a los convencidos de las ideas y visiones del gobernante. Y no es una función inútil y de poco interés; cumple un papel análogo al de los templos que convocan a los fieles cada semana para refrendar y cultivar su fe. La segunda función es la de mantener un instrumento de amenaza hacia quienes el Gobierno considera enemigos. Entonces, esos medios publican "investigaciones" contra quienes molestan al Régimen "y para desprestigiar a sectores y otros medios".

La descripción calza como anillo al dedo para el caso de nuestro país, con los medios públicos, incautados y del Gobierno. El último ejemplo es el de la calificación de "informantes" para atacar a los periodistas César Ricaurte, Carlos Jijón, Jorge Ortiz y Alfredo Negrete, a partir de una publicación de El Telégrafo de algunos cables de WikiLeaks, con caja de resonancia en los otros medios gubernamentales y en comentarios del presidente de la República.

La información instrumentalizada para alimentar la fe de los adeptos al Gobierno o para escarnecer a sus críticos llama informantes a los cuatro periodistas con el fin de desprestigiarlos. Es una deshonestidad intelectual tan obvia, como chantarle ese mismo calificativo a cualquiera de los otros interlocutores que aparecen en los comentarios confidenciales enviados a Washington por la Embajada de los EEUU en el Ecuador. Basta abrir al azar cualquiera de los otros cables para comprobar la falaz tontería de una campaña de esa índole. Por ejemplo, el cable 192653 reseña una reunión del presidente de la Asamblea, Fernando Cordero, y la embajadora Heather Hodges el 18 de febrero de 2009. Informa la diplomática que Cordero se mostró interesado en mantener una relación constructiva con los EEUU, que incluye asistencia y entrenamiento a los integrantes de la nueva Asamblea Nacional. Y en el comentario final señala que, "hasta el momento, Cordero se ha portado como un soldado raso leal siguiendo las órdenes del general (Correa)". ¿No sería torpe colgar al presidente de la Asamblea el sambenito de informante o calificarle de entreguista, traidor o cualquier otra ridiculez de igual laya?

¿Cuál información de los periodistas es "secreta" y que no se haya difundido a troche y moche en la prensa? Es triste el papel de "barra brava" del Gobierno que han asumido los medios de comunicación en sus manos para atacar a los medios y periodistas, en repetición del guión oficial.

Cuando algún día se discuta un proyecto de Ley comunicación democrática tendrá que asegurarse un régimen jurídico en el que los medios públicos preserven su independencia y no sean parte del botín político de los gobiernos , la frecuente realidad de América Latina que describió Caparrós en la Flacso; que no cumplan esa deplorable función análoga a la de las iglesias para confirmar la fe de los adeptos al Gobierno o de barras bravas contra los catalogados por este como sus opositores y enemigos.

 

Autor: Diego Araujo - daraujo@hoy.com.ec Ciudad Quito



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