Distritos electorales

Publicado el 02/Noviembre/2004 | 00:00

No es nueva la propuesta de renovar radicalmente el sistema electoral ecuatoriano pasando de un sistema de listas pluripersonales a un sistema de elección unipersonal por distritos. Y tampoco es una novedad en el derecho comparado, pues el mecanismo se aplica en numerosas y sólidas democracias del mundo. Lo que toca examinar es su factibilidad y su conveniencia para la realidad política de nuestro país. Y bien se podría hacer un ensayo inicial, aplicando el sistema a la elección de diputados de 2006.
Desde la óptica constitucional es perfectamente legítimo el hacerlo, pues la Constitución solamente prevé la fórmula para determinar cuantos diputados deben ser elegidos por cada provincia, pero nada agrega sobre la modalidad que deba utilizarse para la elección. Así, pues, establecido ese número, habría que dividir a las provincias en distritos que tengan una población equivalente, en cada uno de los cuales se elegiría a un diputado. Una tarea que le correspondería al Tribunal Supremo Electoral, más sencilla en algunas provincias, más compleja en otras, pero nada imposible de llevar adelante.
En un artículo anterior señalé ya que, mediante este sistema, se crearía una relación muy directa entre los electores y los candidatos, que, según la experiencia de los países que lo han adoptado, redunda en un seguimiento permanente de la actuación de quien resulta elegido, que debe responder, ya no ante un conglomerado electoral disperso, sino ante un sector claramente identificado. Y esto significa también que todos los candidatos, quienes se postulan individualmente, deben tener un perfil relevante para poder ganar la elección, sin sentirse amparados, en forma casi anónima, dentro de una lista.
Un factor que indudablemente deberá considerarse es el alto grado de fragmentación política que sufre el Ecuador. El sistema funciona con mucha eficacia en países que tienen dos o tres partidos, por lo que si en un distrito hay solamente dos o tres candidatos, el elegido habrá obtenido un alto porcentaje de votación. Pero si hay un número elevado de candidatos, podría ocurrir que gane la elección quien tenga apenas un 20%, o menos, de los votos. También podría ocurrir que en una provincia un partido político de implantación regional obtenga todos los escaños, pues sus candidatos podrían triunfar en todos los distritos, sin dejar un solo puesto para otros sectores.
Esos son los riesgos del sistema distrital. Pero ¿cuál sistema no los tiene? Ya hemos visto cómo no ha habido manera de llegar a un acuerdo sobre la distribución de escaños con la aplicación del actual sistema, pues cualquier fórmula que se escoja tendrá la oposición de muchos. Al menos en la elección por distritos, cada uno de los candidatos elegidos habrá ganado la preferencia de los ciudadanos haciendo su propia campaña, formulando sus propuestas y gracias a su personalidad, más que por su pertenencia a un partido.

Autor: Ernesto Albán - ealban@hoy.com.ec Ciudad Quito



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