Quito. 20.09.94. (Editorial) Las declaraciones del presidente
negando, primero, que la carta salida a luz en estos días sea
de su hija porque ella acostumbraba a decirle "papío" en ves
de "papi", y después jurando por su madre (esa santa mujer "a
la que todos ustedes conocieron") de que nunca supo de los
líos de su nieta, me ha producido, como seguramente les ha
pasado al resto de ecuatorianos, ternura y también lástima.
Sin querer, me he imaginado al Primer Mandatario arrinconado,
acosado, sin otros recursos se los que echar mano. "Mamío
lindo. Pobrecito -me he dicho. Con lo cansado que está". Por
suerte, sus bisnietos están chiquitos y no le van a dar
todavía quebradaderos de cabeza. Si no, ya le veo al país
enredado con los primos, suegros, nueras, parientes políticos,
de éstos. Enn tanto que los gerentes de las instituciones del
Estado que todavía queden en pie, agobiados seguirán
desfilando al exterior para curarse del estrés que les habrán
producido las intervenciones políticas y económicas de los
allegados del presidente.
Pero al mismo tiempo que me ha producido ternura y lástima,
sin querer, me han surgido algunas inquietudes. ¿Deberá la
Presidencia de la República ser una isntitución solo para
huérfanos? ¿O será mejor que el presidente sea soltero, célibe
y sin hijos? Así al menos no tendrá que andar hablando de la
familia, jurando por la madre, o gobernando de oído. Sin
embargo, con esto de que solterón maduro..., puede dar lugar a
muchos comentarios. Además, con la posición asumida por el
Ecuador en la Conferencia de Población del Cairo, parece que
ciertas formas de control de la natalidad no caben a nivel
presidencial.
¿Qué hacer en estar circunstancias? Probablemente los notables
logren darnos alguna solución al respecto. Convocados como
amigos y allegados al Gobierno para arreglar la Carta
Fundamental, de pronto, encuentran una salida para tan
importante cuestión.
Mientras esto sucede es posible, en todo caso, hacer algunos
comentarios. Los juramentos y declaraciones del presidente, no
cambian la situación creada por sus parientes. Más bien
demuestran el verdadero sentido que ha tendio este escándalo
para el Primer Mandatario y las limitaciones políticas del
régimen actual.
El problemas se ha presentado porque la actual administración
ha identificado la esfera familiar con la de Gobierno, porque
ha mezclado la esfera privada con los negocios de Estado, la
política con los parientes. De ahí que hasta para deshacer lo
que han hecho unos, ha sido necesario convocar la autoridad
moral de otros. La familia ha sido lo primordial en asuntos de
Estado. (4A)
Ciudad N/D

