Basura Peligrosa Sin Control

Publicado el 04/Febrero/1997 | 00:00

Quito. 4 feb 97. ¿Falta de reglamentos, de dinero o de
voluntades? Al parecer, una de estas carencias -o todas a la vez-
impiden un tratamiento adecuado de los residuos hospitalarios en
Quito.

Quito genera diariamente alrededor de 1.200 toneladas de basura,
de ellas, aproximadamente 45 provienen de siete hospitales, 11
centros de salud, 88 subcentros y 36 clínicas privadas
registradas en el Ministerio de Salud. La basura peligrosa
tendría un volumen de alrededor de seis toneladas.

El 12 de mayo de 1995 el Municipio de Quito expidió la Ordenanza
3126 de Manejo de Desechos en el Distrito Metropolitano, con
dedicatoria especial a las casas de salud. En ella se les exige
entregar sus residuos totalmente inertes (incinerados o
esterilizados) de manera que su contacto no represente peligro.

Pero, el destino de la basura de las clínicas clandestinas es
incierto.

Después de 21 meses, la evaluación que hace Julio Alvarez,
gerente de la Empresa Metropolitana de Aseo (Emaseo) no es muy
halagadora: "nosotros elaboramos la ordenanza, pero los
hospitales y demás casas de salud la cumplen solo parcialmente".
¿No existen sanciones al respecto? A criterio de Alvarez, "la
mayor sanción sería no recoger la basura, en tanto no cumplan con
la ordenanza, pero eso sería más perjudicial para la ciudad".

Fallas: un pretexto

Entonces todo indica que el problema no es de reglamentos, sino
de voluntades. En algunas casas de salud hay otra lectura del
tema. Allí conocen los reglamentos, pero alegan falencias
logísticas, técnicas y económicas.

Por ejemplo, en el hospital Eugenio Espejo, el subdirector
técnico, Fernando Aguinaga, explica que existe un incinerador de
desechos capaz de consumir 1.000 kilogramos de basura diarios,
pero no funciona por fallas en su mecanismo. Ese hospital desecha
diariamente 21 metros cúbicos de basura.

En el hospital Carlos Andrade Marín el tema se maneja con
absoluto hermetismo por orden de la dirección.

Nadie sabe nada, excepto Carlos Medina, responsable del Servicio
de Seguridad, Higiene y Salud del Personal de esa entidad. Según
Medina, "el incinerador no tiene la suficiente capacidad y,
además, adolece de fallas técnicas y los residuos contaminantes
se escapan a la atmósfera en el humo". No obstante, se hacen
gestiones para adquirir uno de mayor capacidad.

Frente a esa situación, informa Medina, "estamos tratando de
establecer un mecanismo de selección de la basura en fundas con
identificación: riesgo biológico, material reciclable y basura
común. El personal está recibiendo capacitación para ello".

Otros peligros

Pero el funcionario advierte otro peligro: la basura radiactiva,
como los residuos de yodo y tecnesio, necesitan un aislamiento
especial hasta que termine su período de actividad. El peligro
está -según Medina- en que ese aislamiento actualmente se lo hace
en los sótanos del mismo hospital. Después se los desaloja como
basura común.

¿Vale el reciclaje?

Este es uno de los puntos en debate. Según Carlos Medina "existe
una prohibición tácita de reciclar residuos hospitalarios, por
el peligro que representan.

Pese a ello, no hay un control estricto, pues faltan instancias
de prevención de salud en los hospitales". Sin embargo, Luis
Cueva, director del hospital Pablo Arturo Suárez considera que
esos temores son infundados. A su criterio, no toda la basura
hospitalaria es peligrosa.

Por otra parte, en ese hospital no existe un incinerador y el
actual mecanismo de protección es clasificar la basura en fundas
que después serán recogidas por el vehículo recolector que Emaseo
ha destinado exclusivamente para ese fin.

El Centro Panamericano de Ingeniería Sanitaria y Ciencias del
Ambiente (Cepis) publicó, en 1994, una Guía para el Manejo
Interno de Residuos Hospitalarios, según la cual solo los
residuos de las actividades administrativas (de oficina) pueden
ser reciclados. (DIARIO HOY) (P. 2-B)



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