Por Juan Carlos Moya
Los días se pudren como se pudren las hojas de los árboles. Estos últimos días del año siento un hueco en el estómago, sopor, desazón, incertidumbre, asco.
Miro un sol opaco crecer sobre el perfil de la ciudad, y la nada me rodea.
Ya llega el último día del año. Allí están las caretas y sus risas fingidas, afligidas, hipócritas, dichosas, evasivas, masivas, lascivas, festivas.
Después del abrazo de la medianoche, vendrán las ganas de beber, la farsa y la fiesta, y luego, finalmente, las lágrimas groseras.
Atención.
Se cierra el año 2008 después de Cristo.
"El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder: -Mierda", leo el párrafo final de la novela El coronel no tiene quién le escriba (García Márquez).
"Esta es la noche. Yo soy un hombre solitario que fuma en un sitio cualquiera de la ciudad; la noche me rodea, se cumple como un rito, gradualmente, y yo nada tengo que ver con ella. Hay momentos, apenas, en que los golpes de mi sangre en las sienes se acompasan con el latido de la noche. He fumado mi cigarrillo hasta el fin, sin moverme", leo el antepenúltimo párrafo de la novela El pozo (Juan Carlos Onetti).
Ofrezco disculpas a la audiencia. El año 2008 no me alcanza para escribir optimismo.
Sábado en la mañana. Dolor de cabeza. Cadena radial. Apago la radio. Pongo un disco compacto. Suena "Mr. Roboto" de Styx. Toco un poco de batería. Adrenalina. Me siento mejor.
Sábado por la tarde. Sol de planeta recalentado. Paseo en bicicleta con Pam. Árboles, azul cielo y más árboles. Me siento feliz. Domingo en la tarde. Llovizna. Voy al cine. Evasión. Compro un boleto para Shine A Light de Martin Scorsese. ¡Es un asco! Así de simple. No hay aporte en ningún nivel cinematográfico, narrativo, estético. Querido Martin, estás decadente. Los chicos de la MTV hubiesen hecho con sus camaritas un mejor video musical que el tuyo. Decepción. Regreso a casa.
Lunes por la tarde. Voy a comprar un libro para alegrarme la vida. Me encuentro con Carlos J., un agudo amigo periodista, lector de Saramago y analista político. Compró para él un libro como obsequio. Ampliación del campo de batalla de Michel Houellebecq. Nos despedimos. He comprado para mí los Cuentos completos de Herman Melville. Me siento feliz.
Lunes en la noche. Recibo la visita de César Chávez. Suena "Percal" de Bienvenido Granda en el estéreo. Abro la ventana orientada hacia la avenida. Contemplo indefenso los edificios oscuros. Bebo el viento helado. Las luces se mueven a lo lejos como diminutas señales de fuego. Chávez bebe whisky acomodado en el sofá. La plática y la ficción literaria nos abrigan y refugian.
El año 2008 se acaba mañana. Tengo la sensación de que algo se está rompiendo
en el Ecuador. Tengo la sensación de estar viviendo una pesadilla absurda. Se avecina 2009. ¿Alguien sabe adónde estamos yendo?
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