Quito. 4 jun 98. Pamela Romero, de 13 años, ayer actuó por
primera vez en el festival; Iván López, de 11, lo hace por
segunda ocasión.
Ayer tuvo lugar el tercer concierto del VIII Festival
Internacional de Flautistas Mitad del Mundo. Sobre el
escenario, precediendo a reconocidos maestros de Suecia,
Dinamarca, Noruega, Estados Unidos y Brasil, estuvieron dos
niños ecuatorianos. Ellos eran Iván López, en la flauta, y
Pamela Romero, en el piano.
Alumnos del Conservatorio Nacional, este dúo interpretó tres
piezas: "Momento musical", de Franz Schubert, "Sonatina en sol
menor" de Ludwing Van Beethoven y "Fiesta de mi pueblo", del
maestro ecuatoriano Luciano Carrera -quien preparó a los
chicos-. Su adiestramiento arrancó hace 2 meses y, según su
profesor, persiguió un solo objetivo: habituar a los músicos,
desde edades muy tempranas, al contacto con el público y con
los grandes internacionales. Solo así podrán alcanzar un gran
nivel.
Flauta
Iván López prefiere a Beethoven
Todas las tardes, después de salir de la Escuela Espejo, Iván
López llega al Conservatorio Nacional. Con un estuche de cuero
bajo el brazo, sube corriendo por las escaleras que conducen
hasta el cuarto piso donde queda su clase. Una vez allí, saca
su flauta traversa -dividida en partes- y la arma. Los acordes
de las escalas comienzan a sucederse.
Este pequeño de apenas 11 años participa por segunda vez en el
Festival Internacional de Flautistas "Mitad del Mundo". Sin
embargo, su historia con la música se remonta a 1994. En aquel
año, su mamá, Patricia Ríos, quien trabaja en el
Conservatorio, le impulsó a ingresar. ¿Y por qué flauta? "Me
parecía un instrumento misterioso...", responde Iván.
Actualmente va al Conservatorio de lunes a sábado. Está en
tercer nivel (en total son 6, de seis meses cada uno). Cada
semana, recibe 15 horas de música, más que de cualquier
materia en la escuela. Un tiempo en el que aprende solfeo,
coro e instrumento. Su memoria ha grabado con exactitud
detalles de su primera participación en este Festival. Entre
otros, que se realizó en el Hotel Akros, en junio del año
pasado a las 20h00, que cuando se presentó vistió un terno
negro y camisa blanca para interpretar los sanjuanitos: "Toro
barroso", "La naranja" y "Yamor".
El instrumento, al que frecuentemente limpia con una vara de
madera y un pañuelo, lo heredó de su hermana mayor, Ana María,
de 13 años. Ella lo dejó al entrar al colegio. Si de
compositores se trata, él prefiere los clásicos: "La 5ta.
Sinfonía" de Beethoven y "Ave María" de Mozart. Aunque piensa
terminar la carrera de músico, su ilusión profesional es ser
basquetbolista.
Piano
Pamela nació con piano en casa
Un viejo piano plantado en la sala de la casa es una de las
primeras imágenes que Pamela Romero, de 13 años, recuerda de
su infancia. Ese conjunto de teclas negras y blancas
despertaba en ella una gran curiosidad. Al cumplir 10 años,
transformó esa fascinación primera en vocación y trabajo por
la música. En la actualidad, cursa el quinto semestre de piano
en el Conservatorio Nacional. El aprendizaje de este
instrumento dura 12 semestres.
Antes de ingresar a este centro de estudios musicales, estudió
un año en la Sociedad Filarmónica de Quito. Su profesora allí
-Mariné Aourtouñán, de Armenia- pasó al Conservatorio. Y, con
ella, también Pamela. Este cambio de escenario supuso para
ella una satisfacción: un piano propio. Aunque convertido en
parte de la familia, el antiguo piano había empezado a
desafinar. El nuevo instrumento llegó a Pamela de las manos de
su padre, hace dos años, después de un viaje a Cuenca.
"Del piano me gusta que te permite expresar tus estados de
ánimo. Cuando estoy alegre, me siento y toco. Lo mismo ocurre
cuando me siento melancólica: me hace sentirme mejor". Con
estas palabras la joven música define su complicidad con el
instrumento, al que dedica más de 15 horas semanales de
trabajo. Entre las asignaturas que recibe están Solfeo,
Actuación, Conjunto Coral e Instrumento. Si bien la de anoche
fue su primera presentación en un acto internacional, los
escenarios no son nuevos para ella. Hasta la fecha, ha
participado en 6 recitales, 2 en la Sociedad Filarmónica y 4
en el Conservatorio. En todos ellos, la han acompañado sus
padres
Las obras de Liszt, Haendel y Rachmaninov están entre las que
más le gustan. Sin embargo, su compositor mimado es J. S.
Bach. Y de él, "Invención No.13" es la composición que la
cautiva.
Además de la música, el teatro y el patinaje sobre hielo
consumen su tiempo, cuando no está en clases (estudia en
segundo curso del Colegio Letort). Sus expectativas en la
música incluyen la licenciatura y la especialización el
extranjero (Texto tomado de El Comercio)
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