El cáncer ha dejado de ser una enfermedad inevitablemente mortal gracias al
desarrollo de la ciencia médica. Y si bien sigue generando numerosos temores, con un
diagnóstico precoz se puede lograr la curación.
El cáncer es un crecimiento celular maligno
que se produce como resultado de un desarrollo incontrolado de células anormales o
defectuosas, también denominado aplásicas, que tienden a infiltrarse, extenderse y
metastatizar, o invadir, otros tejidos, circundantes o distantes del organismo en el que
se ha iniciado la enfermedad.
En todos los tejidos, excepto en el sistema nervioso de los adultos, las células mueren y
se renuevan permanentemente. El cáncer se origina cuando las células aplásicas se
dividen y crecen, en forma incontrolada, hasta formar un tumor. Es decir que se
desarrollan sin seguir el ritmo de reproducción habitual, volviéndose insensibles a los
mecanismo de control del organismo.
Al cabo de un tiempo estas células se desprenden del tumor y son transportadas a través
de los conductos infáticos hasta los ganglios. Durante este proceso muchas de ellas
mueren, pero tarde o temprano, las que sobreviven, forman un foco cancerígeno secundario
en el ganglio donde se han alojado, y luego, mediante el torrente sanguíneo pueden llegar
a diferentes órganos, como el hígado, los pulmones, los huesos o el cerebro, donde se
generan nuevos focos cancerígenos. Este proceso de creación de nuevos focos
cancerígenos a partir de uno inicial recibe el nombre de metástasis.

El cáncer más común en la sociedad occidental es el de pulmón, del que mueren
cuatro hombres por cada mujer.

|















|

Radiografía realizada con contraste
colorímetro en la que se observa
(zona amarilla) la extensión
de un cáncer de pulmón.
La importancia de un diagnóstico precoz radica en que facilita la
interrupción de la metástasis, e incluso la curación definitiva, si se logran localizar
y extirpar o destruir los focos tumorales primarios.
Los tumores pueden ser benignos o malignos. Los benignos tienden a comprimir los tejidos
sanos que los rodean, pero no penetran en el interior de los tejidos adyacentes; en
cambio, los tumores malignos crecen hacia el interior de los tejidos, invadiéndolos.
La incidencia de los distintos tipos de cáncer varían notablemente según el sexo, la
edad, el grupo étnico, la localización geográfica y los hábitos alimentarios, entre
muchos otros factores. Por ejemplo, el cáncer de próstata tiene mucha más incidencia en
los países nórdicos que en Japón, pero sucede exactamente lo contrario con el cáncer
de tipo oral.
Las formas más frecuentes de presentación de la enfermedad entre los adultos son los
cánceres de mama, colon, pulmón, útero, próstata y vejiga. La leucemia y los linfomas,
son más comunes entre los niños y los jóvenes.
La cirugía sigue siendo la principal forma de tratamiento de esta enfermedad, aunque
también se utilizan con éxito la radioterapia y la quimioterapia.
SINTOMAS MAS FRECUENTES
Cáncer de boca y garganta:
Ulceraciones que no cicatrizan, dolor de oídos, dificultad para tragar o masticar,
pérdida de ajuste en las dentaduras postizas.
Cáncer de esófago:
Dificultad progresiva para tragar, vómitos, pérdida de peso.
Cáncer de estómago: Dolor
abdominal, vómito con y sin sangre, pérdida de peso, dificultad para realizar la
digestión.
Cáncer de intestino:
Sangre en las heces, cambios en el ritmo para defecar, tanto estreñimiento como diarrea,
dolor abdominal.
Cáncer de laringe:
Ronquera persistente, expectoración con sangre.
Cáncer de mama: Nódulos
en el seno, retracción de la piel, o del pezón, cambio en la forma del pecho, aumento de
tamaño de los ganglios axilares.
Cáncer de piel: Heridas en
la piel que no curan y sangra continuamente. Lunares que aumentan de tamaño o pican.
Cáncer de próstata:
Dificultad progresiva para orinar, infecciones urinarias repetidas, sangre en la orina y
frecuente dolor de espalda.
Cáncer de pulmón: Tos
persistente, expectoración con sangre, dificultad respiratoria, dolor torácico,
ronquera.
Cáncer de útero y de cérvix:
Flujo vaginal anormal, pérdidas de sangre fuera del período menstrual; tras la
menopausia, sangrado vaginal, dolor pélvico.
Cáncer de vejiga: Sangre
en la orina
Leucemia: Cansancio,
palidez, infecciones repetidas, dolor de garganta, hemorragias nasales o de las encías,
manchas cioláceas espontáneas.
|
CAUSAS POTENCIALES
Aunque no se conoce el origen del cáncer se admite múltiples causas
potenciales. Más del 80% de los casos de cáncer se atribuyen al hábito de fumar tabaco,
a la exposición ante agentes químicos cancerígenos, a radiaciones ionizantes y a los
rayos ultravioletas.
Así como se ha comprobado que muchos virus induce tumores malignos en animales, y
también que en algunos tumores humanos hay partículas víricas, no existen pruebas de
ningún microorganismo pueda producir cáncer en el organismo humano.
Por otra parte, debido a la incidencia de algunos tipos de cáncer en determinadas
familias, se tiene presente la importancia de los factores genéticos.
También el sistema inmunológico desempeña una función importante en cuanto a la
proliferación de las células malignas. Según algunas teorías, el organismo produce
constantemente células anormales que son destruidas casi inmediatamente por las propias
defensas del cuerpo. A veces, por alguna razón desconocida, este mecanismo inmunológico
falla, permitiendo la supervivencia de las células anormales hasta que se forma el
cáncer. Se ha comprobado que los receptores de transplantes de órganos, que son
sometidos a un tratamiento inmunodepresor, tienen una gran tendencia a la formación de
tumores malignos.
DIAGNOSTICO
Si se detecta en las primeras fases de su desarrollo, muchas lesiones malignas son
curables.
Dependiendo de la localización, las señales de alarma pueden ser las siguientes:
Un cambio en los hábitos intestinales u
orinarios
Ulceras que no cicatrizan.
Hemorragias o flujos anormales.
Aparición de bultos tanto en las mamas como
en cualquier otro lugar del cuerpo.
Disfagia, es decir, trastornos en el proceso
de deglución.
Cambio de aspecto evidente en una verruga o
un lunar.
Tos o ronquera persistente.
El proceso de diagnóstico puede incluir algunos estudios a través de radiografías,
ecografía, tomografía axial computarizada (TAC) o escáner, o resonancia magnética
nuclear (RMN), que evidencia con toda fiabilidad la existencia de masas tumorales.
Más adelante, para el estudio microscópico del tumor, será necesario realizar algunas
biopsias o citologías.
Las biopsias consisten en la extracción de pequeñas porciones del tejido tumoral para
estudiarlo microscópicamente.
Las citologías son los estudios de las células a través de las secreciones, como el
esputo proveniente de los bronquios o el moco que produce el cuello uterino, para buscar
específicamente células cancerosas.

Sólo el 0,8% de los niños es afectado
por un cáncer, casi siempre leucemia.
La exposición excesiva a los rayos solares suele ser
la causa más común del cáncer de piel.


En la leucemia, las células cancerosas
(color amarillo) destruyen de forma
sistemática los glóbulos rojos de las sangre.
EDAD Y TIPOS DE CANCER
Leucemia. Hombres y mujeres a cualquier edad. Más común en los niños y
los jóvenes.
Cáncer de pulmón. Hombres entre los 40 y los 70 años. Mujeres entre
los 45 y los 70 años.
Cáncer de útero y de mama. Mujeres entre los 40 y los 50 años, sobre
todo aquellas que no han tenido hijos y cuentan con antecedentes familiares.
Cáncer de ovarios. Mujeres entre los 45 y los 60 años.
Cáncer de próstata. Hombres a partir de los 60 años. Probablemente,
todos los hombre mayores de 80 años lo padecen, pero sólo provoca la muerte en casos
excepcionales, porque acostumbra a ser de crecimiento muy lento.
Cáncer de colon y de recto. Hombres y mujeres, a partir de los 50 años.
Cáncer de estómago. Hombres a partir de los 50 años. Mujeres a partir
de los 60 años.
TRATAMIENTO
En el tratamiento del cáncer la cirugía tiene como objetivo extirpar la totalidad del
tumor. En la intervención se suele extraer también los ganglios linfáticos de drenaje
más próximos.
La radiografía consiste en intentar destruir el cáncer mediante radiaciones, ya que
éstas dañan el material genético de las células cancerosas, de tal modo que les
impiden dividirse y reproducirse. Este tratamiento no es doloroso, pero tiene numerosos
efectos secundarios, como náuseas, vómitos y diarrea si la zona tratada es el abdomen, o
la caída del cabello si se aplica en la cabeza. La radioterapia se utiliza para tratar
algunos tumores que pueden curarse sin recurrir a la cirugía, o como complemento de
ésta.
Si un cáncer está muy extendido y afecta distintos órganos se recurre a la
quimioterapia para tratarlo. Mediante una asociación de varias sustancias se intenta
provocar daños en el componente genético de las células neoplásicas.
El gran inconveniente de estos fármacos, que se denominan citotóxicos, es su capacidad
para dañar todas las células que se están reproduciendo en el organismo, tanto las
cancerígenas como las normales. Por consiguiente, las aplicaciones de quimioterapia deben
espaciarse, para permitir el crecimiento de las células normales mientras se controla el
de las defectuosas.
Los efectos secundarios iniciales y más frecuentes que produce la quimioterapia son la
caída del cabello, las náuseas y la disminución de la producción del número de las
células sanguíneas.
El algunos casos se administra cuando hay una tendencia de su aparición en el mismo
lugar, como puede suceder en el caso de cáncer de mama.
La terapia hormonal constituye otro tratamiento. Las hormonas son "mensajeros
bioquímicos" que circulan por la sangre para controlar el metabolismo de los
tejidos. Si las células cancerosas se originan en órganos sensibles a los estímulos
hormonales, como el útero, la próstata o los senos, éstos pueden seguir reconociendo y
respondiendo al efecto de las hormonas. Si se administra una hormona inhibidora, que
impide la división de las células, el cáncer dejará de crecer en esos tejidos.
La gran ventaja de esta terapia hormonal estriba en que no provoca efectos secundarios que
sean desagradables.
En numerosos casos estas terapias se combinan o se alteran para tratar a los mismos
enfermos, debido al desconocimiento que aún existe sobre la enfermedad.
TUMORES BENIGNOS
Como ya se ha mencionado, los tumores benignos no invaden nunca los tejidos vecinos,
característica propia de los malignos. También a diferencia de éstos, crecen lentamente
y pueden presentar un aspecto normal aun cuando se los examine con un microscopio.
Aunque no supone un peligro en sí mismos, pueden llegar a constituir un riesgo
considerable cuando se desarrollan en determinados órganos vitales, como el cerebro o el
pulmón, porque ejercen presión sobre ellos. En estos casos, deben ser extirpados
mediante procedimientos quirúrgicos para eliminar toda posibilidad más grave.
De todas maneras, conviene siempre vigilar el desarrollo de un tumor benigno porque,
según ciertas teorías, existen probabilidades, aunque escasas, de que el tumor se
trasforme en maligno.
SIGUIENTE ENFERMEDAD: CANSANCIO
Sumario de la Guía Médica
|