Las callosidades son endurecimientos de las epidermis o capa externa de la piel.
Generalmente indoloras, que suelen formarse en aquellas zonas que sufren una presión o
fricción externa constante, como los pies y las manos, si bien pueden parecer en
cualquier parte del cuerpo.
Los callos y las durezas son muy comunes.
Normalmente aparecen en los pies, por el uso de calzado ajustado, aunque también suelen
aparecer en las plantas y los dedos de las manos, especialmente si se utilizan para
realizar trabajos físicos duros. El roce reiterado y la presión sobre la piel excitan la
regeneración de las células de la epidermis, que crecen de forma acelerada. Existen
algunos casos particularmente, como es el de la formación de callosidades en los
violinistas, ya que someten la piel de barbilla a un roce continuo con el instrumento.
Algunas personas, como los ancianos, las sufren con mucha frecuencia, ya que son más
susceptibles a su formación.
Los callos, de pequeño tamaño, se forman en los dedos de los pies; las durezas, que son
de mayor tamaño y menos profundas, se desarrollan en la planta de éstos.
SINTOMAS
Un callo se reconoce como un fragmento de piel dura y engrosada, en forma de cono, y de
coloración amarillenta en comparación con la piel que lo rodea. Los que se forman entre
los dedos de los pies pueden tener una consistencia algo más blanda.
En ocasiones puede ser difícil distinguir un callo de una verruga plantar. Estas son
pequeñas y dolorosas a la presión, sobre todo al principio; sin embargo, la típica
apariencia de verruga sólo aparece, una vez desarrollada, al eliminarse las capas de piel
que la recubren. |















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COMPLICACIONES
Los callos y las durezas son molestos y a veces dolorosos, pero
siempre son inofensivos. Sin embargo, se pueden formar profundas úlceras debajo de las
durezas, en el caso de un paciente con pérdida de sensibilidad en la piel, a causa de una
diabetes mellitus.
Existe otra alteración similar, cuyas causas se ignoran, conocida como hiperqueratosis,
que consiste en el engrosamiento de la piel de las palmas de las manos y de las plantas de
los pies, y un posterior agrietamiento de ellas. Ante este trastorno se debe buscar una
adecuada atención médica.
COMO TRATAR LOS CALLOS Y LAS
DUREZAS
- Cambiar el tipo de calzado por otros más flexibles
y ajustado a los pies.
- Ablandar diariamente la piel endurecida, con baños de
agua caliente y jabón, o mediante el uso de un callicida corriente.
- Si el callo es pequeño, luego de ablandarlo, conviene
pulirlo con piedra pómez. Si es grande, se recomienda eliminar cuidadosamente las capas
superiores de la piel con un instrumento cortante apropiado y esterilizado.
- Existe apósitos especialmente que contienen ácido
salicílico, que ablanda la piel. Estos se aplican sobre los callos durante 24 horas,
transcurridas las cuales se lava la piel y se liman los callos con piedra pómez.
- Las persona con callos recidivantes o reincidente, con
artritis, diabetes o problemas circulatorios deben ser tratados por un podólogo.
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