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| ENFERMEDADES
MAS CORRIENTES PRESION ARTERIAL |
SUMARIO DE LA GUIA MEDICA |
| El mantenimiento de una adecuada presión arterial es de gran
importancia para el buen funcionamiento del sistema circulatorio. La hipertensión es la
alteración más frecuente de la presión arterial y supone un factor de riesgo
importante.
Se denomina tensión arterial a la resistencia que ofrecen las paredes de las arterias al paso de la sangre impulsada por el corazón. En cada latido del corazón se produce una onda de presión máxima llamada presión sistólica, cuando la sangre es impulsada por la arteria pulmonar y la aorta, mientras que la presión mínima o la llamada presión diastólica es la que se detecta cuando el corazón está totalmente distendido y lleno de sangre. PRESION NORMAL La presión sanguínea puede variar considerablemente en diversas circunstancias. Por lo general, aumenta con la edad y también con el estrés. Al efectuar la medida de la presión se dan dos valores: la máxima (presión sistólica) y la mínima (presión diastólica). Así, para una persona adulta (joven o de mediana edad) se considera que una presión normal es de 120 y 80 (que se expresa por 120/80), donde, evidentemente, 120 es la presión máxima y 80 la mínima. Se puede considerar que sufre cierta hipertensión (tensión sanguínea elevada) si alcanza 140/90, y requiere tratamiento médico sin demora si sus valores son 160/95.
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| HIPERTENSION
No existen síntomas característicos de la hipertensión moderada, pues sólo se aprecian palpitaciones y dolor de cabeza cuando la presión alcanza valores muy altos. Por dicha razón, es aconsejable que las personas mayores y con predisposición a sufrir hipertensión controlen su presión arterial de forma regular, preferentemente con una periodicidad mensual Complicaciones El principal peligro de una presión alta mantenida durante muchos años consiste en el accidente cardiovascular. El continuado ejercicio forzado del corazón produce lesiones en el interior de las arterias coronarias favoreciendo el depósito de sustancias grasas (ateroma) y el estrechamiento y posible bloqueo que puede dar lugar a una trombosis coronaria. La persona hipertensa tiene, además, un elevado índice de riesgo de sufrir insuficiencia cardíaca congestiva o apoplejía. Los riñones también se ven afectados por una tensión elevada, pudiendo producirse una insuficiencia renal crónica que, a su vez, es causante de hipertensión, con lo cual se crea un círculo vicioso de difícil tratamiento. Tratamiento. Los fármacos que el médico suele prescribir para el tratamiento de la hipertensión son, por lo general, betabloqueantes, diuréticos y vasodilatadores. Los betabloqueantes actúan reduciendo la acción de la adrenalina, los diuréticos estimulan la producción de orina, lo cual facilita la pérdida de sal por los riñones, y los vasodilatadores disminuyen la resistencia de las paredes arteriales. Estos fármacos deben tomarse siempre bajo prescripción facultativa, siguiendo las indicaciones con exactitud.
hipertensión. Debe evitarse el consumo excesivo de sal y de alimentos muy condimentados.
COMO CONTROLAR LA HIPERTENSION Si una persona sufre hipertensión esencial o mantiene de forma prolongada una presión elevada, puede adoptar una serie de medidas que redundarán positivamente en un mejor control de su tensión. - Dejar de fumar o, por lo menos, reducir el consumo de tabaco, pues la nicotina actúa de forma rápida, aumentando la presión sanguínea. - Reducir la cantidad de sal en las comidas y evitar el consumo de embutidos y salazones. - Evitar el estrés, huyendo de las preocupaciones que lo causen, del trabajo obsesivo y del ejercicio violento y agotador. - Si su peso es excesivo, seguir una dieta adecuada para alcanzar el peso ideal o, por lo menos, para no sobrepasarlo en demasía. - Consumir alcohol de forma muy moderada. - Practicar algún tipo de ejercicio moderado, preferentemente al aire libre. HIPOTENSION De mucha menor frecuencia que la hipertensión, la presión sanguínea baja (hipotensión) constituye un trastorno que tiene escasa importancia. Cuando aparece de forma súbita puede provocar aturdimientos, mareo e incluso desmayo. La forma más habitual es la denominada hipotensión postural, que se presenta al levantarse rápidamente de la cama o de un sillón. El cambio brusco de posición causa, como acto reflejo, una contracción de los vasos sanguíneos con la consiguiente falta de irrigación del cerebro. Entre las causas de hipotensión cabe mencionar algunas enfermedades, como la diabetes y la arteriosclerosis, y la sobredosificación de algunos fármacos destinados a combatir la hipertensión. |
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