Quizá la característica más importante de un ecosistema como este es que gana altura escalando por la vertiente occidental de los Andes
hasta formar elevaciones como El Corazón y los mismos Ilinizas, creando así una barrera geológica que condensa la humedad proveniente de la costa. La Reserva,
no podía tener una particularidad más propia que aquella: la producción de agua; en el área de los Ilinizas nacen los principales afluentes de la cuenca del
río Esmeraldas, el Toachi y el Pilatón, que ganan caudal a medida que avanzan entre los relictos de bosques primarios mantenidos en esta zona, de los que ya quedan pocos a
lo largo de la Cordillera.
Además, este ecosistema mantiene recursos silvestres y escénicos sobresalientes que le otorgan un enorme potencial para la visita. Sin embargo, la
infraestructura disponible para el turismo es todavía incipiente existiendo apenas algunos servicios muy básicos en las poblaciones sobre su área de influencia.
Internarse en la Reserva requiere de provisiones propias y de un guía local, fácil de conseguir dada la cantidad de colonos que se hallan asentados en las proximidades y
dentro mismo del área, hecho que constituye a la vez el principal obstáculo para el adecuado manejo de esta Reserva.
La Reserva Ecológica Ilinizas es una de las áreas más jóvenes del Sistema; es, por tanto, aún poco conocida pero se sabe que la diversidad
biológica que conserva es altísima, en parte debido a la gran dificultad que presenta el ingreso a sus bosques.