Se llama
convaleciente al período de transición en que el paciente ya no está enfermo pero
tampoco recuperado por completo. En esta fase, animar al enfermo con una adecuada
motivación y un estado de ánimo positivo resulta fundamental para su total
recuperación.
Hay
enfermedades que si bien son curables, exigen un largo tratamiento y luego un período no
menos prolongado para la recuperación del enfermo. Esto comporta el consecuente
alejamiento del paciente de las actividades profesionales, sociales y, en general, de
todas las que realizaba antes de contraer la enfermedad. El paciente que ya ha superado su
enfermedad y deba convalecer, es decir, prepararse de nuevo para recuperar el ritmo de su
vida anterior, es muy posible que desde el momento de conocer su diagnóstico experimente
una serie de reacciones psicológicas, que van desde la preocupación por su estado de
salud hasta la aceptación de la enfermedad y la asimilación de la idea de permanecer en
cama e inactivo durante una larga temporada, pasando por el distanciamiento psicológico
de sus actividades normales para desembocar, al final, en dos tipos de reacciones muy
comunes en estos casos, o un acostumbramiento al hecho de estar enfermo, que comporta en
la mayoría de ocasiones un rechazo a regresar a la vida habitual, o por el contrario, una
ansiedad manifiesta por reintegrarse a sus actividades anteriores, que suele implicar un
rechazo del tratamiento en esa última etapa. Ambas actitudes son perjudiciales por igual.
Es aquí donde la persona que lo cuide y, en general, sus familiares y amigos deben
diversificar su papel y, con la misma dedicación, apoyar psicológicamente al
convaleciente y ejercer la vez un control sobre su nivel de cansancio y su estado general,
e informar tanto al médico sobre la evolución de la recuperación como al enfermo sobre
las prevenciones de su curación.
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Todo el
que haya estado enfermo en la cama durante algún tiempo se sentirá débil y posiblemente
mareado cuando la abandone . El enfermo debe comenzar por sentarse durante unos minutos,
para después apoyarse en su cuidador, y dar unos pocos pasos hasta un sillón previamente
dispuesto y, con la ayuda de aquél, sentarse o bien volver a su posición anterior. Este
proceso ha de ser gradual; más adelante lo podrá hacer solo, apoyándose en los muebles
de la habitación, y más tarde sin necesidad de ayuda. Hay que tener presente que
después de una larga enfermedad se necesita cierto tiempo para que el paciente pueda
valerse por sí mismo y reanude su actividad habitual. El respeto por la lentitud de este
retorno gradual a la vida normal ha de ser absoluto.
Este proceso suele aburrir al convaleciente, por lo que le debe proporcionar todo tipo de
distracciones: la compañía, la conversación, la radio, la televisión, los periódicos
y los libros le ayudará a sobrellevar esta etapa final.

En la convalecencia, el paciente puede reanudar su vida normal, siguiendo una
actividad planificada.

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